24 feb. 2009

ya en basel


Ayer cruzar en volandas los Alpes tuvo sin duda mucho de experiencia especial, y ser depositado en medio de un frío más húmedo de lo habitual, a orillas del Rhin, me hizo contraertme hacia dentro. Muchas horas sin dormir antes del viaje, sueños extraños -relojes que vaticinaban que perdería todos los vuelos y cosas por el estilo- y desvelos uno detrás de otro para comprobar la hora cierta consiguieron que mis ojos delatasen agotamiento. El intercambio de aviones y las horas muertas de aeropuerto -que quise mitigar desayunando demasiado y con revistas frívolas que poco o nada me hiciesen pensar en el arte- terminaron por doblarme, así que mi llegada tuvo tanto de entusiasmo como de abatimiento.


Hoy, tras incontables horas de sueño, todo se ha deslizado muy fácil y el día ha pergeñado un resultado más que satisfactorio. Y todo ello posible más que nada a la dedicación y el buen hacer de Guillermo, que con su experiencia, su gusto y su delicadeza exquisita, ha conseguido sacarme una maravillosa sonrisa -interior y exterior- tras el montaje de la exposición de mis dibujos, que han sido mimados con un esmero maravilloso. Ahora atesoro la tranquilidad de que todo tiene un sitio más que oportuno, y que la sutileza y la gracilidad animan la muestra; básicamente, que no sólo se ha respetado sino que se ha apreciado un mucho mi trabajo y el concepto de mi obra. En momentos como este, desearía poder encontrarme siempre con personas así de infatigables y voluntariosas, que lo hacen todo más fácil y persiguen ante todo la calidad más deslumbrante. Lo que viene siendo el trabajo bien hecho.

Estoy especialmente contento.

Gracias, Guillermo.

21 feb. 2009

rirkrit tiravanija


Parte de mi receso implicaba salir a la calle, aunque finalmente no he podido resistir la tentación de regurgitar un poco más de arte. Así que he merodeado de nuevo por la antológica de Tracey Emin -a la que le quedan dos telediarios, y es una exposición maravillosa-, y me he interesado por la intervención site specific que Rirkrit Tiravanija ha elaborado para el espacio central del CacMálaga. Y ha sido la decisión perfecta, ya que me he encontrado con un poco más de ese arte intangible -incomprable también, añadiría- con que a veces nos sorprende el centro (recordemos Art & Language, Lawrence Weiner o Liam Gillick). Lo cual era un divertimento con moraleja muy apropiado para mi tarde de sábado.

A veces agradezco algo tan liviano como una simple montaña de camisetas que apenas oculta una proyección repetitiva y monótona. El cúmulo de prendas, todas blancas y con la estampación uniforme en la que reza una misma inscripción ("Uno no puede simular la libertad"), debía ser lentamente deconstruído por los asistentes. De modo que me enfundé en una de mi talla, firmé la cesión de los correspondientes derechos de imagen y me dispuse a ser fotografiado en tres tomas al modo en que los reclusos lo hacen cuando ingresan en prisión, portando una tablilla en la que se escribía con tiza el número asignado (1393, lo cual quiere decir que otras tantas personas han pasado ya por la muestra). Mientras lo hacía, la verdad, poco o nada estaban presentes en mí esas palabras -es lo que tienen los centros de arte actuales, que montan pequeños circos que generan un atractivo extraartístico-, lo cual sin duda creo le restaba propiedad al asunto.


Pero luego me imaginé como parte de una manifestación silenciosa aunque multitudinaria -y recordé otras a las que estuve y estoy orgulloso de prestar mi voz, como el No a la Guerra-, y creo haber concluído en que la sociedad democrática necesita de esos mensajes en off. De ellos se nutre y a ellos irriga o debe hacerlo.

Charlaba con el personal de sala mientras visualizaba el vídeo -algo anodino, por otro lado- de un niño de rasgos orientales que realiza una acción cotidiana; come. Extremadamente simple. Pero eficaz. Al descender la cima de esa montaña de camisetas el mensaje podía constituir parte de una militancia suave -me vinieron a la cabeza algunas camisetas seriadas de Rogelio López Cuenca, que siempre trabaja desde el compromiso social-, y todos acabaremos viendo nítidamente al niño. No es mal camino.

relajarse


La pasada madrugada dí por cerrada la operación "dejarse las pestañas dibujando sin controlar las consecuencias" y decidí que estaría bien tomarse unos días de vacío creativo, hacer un par de cosas superficiales y relajarse. Como no tengo a mano a mi profesora de yoga, que por cierto acaba de abrirse un blog con un poco de yoga de andar por casa, y sé que voy a tardar semana y pico en volver a practicar sus asanas y esas posturas invertidas en las que cada vez me encuentro más a mis anchas, pues voy a dedicar el weekend antes de Basel a lo mejor que se me ocurre: A mí. Así que voy a estar un poquito con la familia, especialmente con la sobrina tan maravillosa que tengo, y con los amigos a los que pueda ver; hoy toca arroz en los montes y vino dulce con toda la patulea, y esta noche me apetecen unos bombays saphire con tónica y mucho limón.

Y mañana, como siempre, apuraré hasta el último minuto para meterlo todo en la maleta, y no podré dormir lo suficiente durante la noche como antes de cada viaje...

20 feb. 2009

pequeña cefalea


Hoy me duele un poco la cabeza, y me he obstinado en no infectarme con ibuprofenos o neobrufenes por algún motivo que se me escapa; el masaje que he recibido en el cuero cabelludo -por cortesía de los que, al pedirles algo tan sencillo como que me cortaran el pelo, se empeñaron en hacer de mi breve estancia un publireportaje de al menos cuatro productos de cuidado capilar- fue un breve bálsamo inconsistente, y a estas horas, finalmente, no me queda otra que sucumbir a la pequeña droga encapsulada, ya que la cefalea, curiosamente localizada sobre la ceja que más veces alzo en respuesta a miles de estímulos, no remite.

En momentos como este considero que cualquier artisticidad con la que pretenda glosar el dolor es una frivolidad; ahora degusto silencio, merecido silencio.

mapa


Puede que todo esté conectado, o cuanto menos entrelazado. Estoy acabando una cartografía rara que sin lugar a dudas me disecciona, un encuentro de no-lugares que ya he visitado o que presiento voy a visitar. La he pensado para una visión cenital, como de pequeño demiurgo descontento y quisquilloso, para poder entreabrir los párpados y hallar una miríada de ojos estupefactos cruzándose con los míos.

17 feb. 2009

papel




Cerrado, muy pasadísimas las cinco de la tarde. Otra alma en pena aguardando ya ante la vieja puerta de palillería, enarbolando una típica timidez muy propia de las labores calladas que se acometen en el arte de encerrar libros. Parece que hay una segunda entrada, a la que se llama por segunda vez. Decido dar una vuelta para volver después, y justo en el instante que cruzo –temerariamente, sin mirar- la calle un soniquete tubular me avisa de que debo volver sobre mis pasos.

La mirada, como siempre, algo turbadora. Dice reconocerme. Empezamos a hablar de los papeles que me apetecen, las cualidades que necesito para un trabajo especial. Y su aliento algo ajado sin llegar a ser desagradable me devuelve imágenes de conversaciones pasadas en las que el tiempo ya se había derretido mucho antes.

La suerte está de mi parte y ella dice haber vuelto de China no hace mucho, antes de su dolorosa lumbalgia; y con ella unos fabulosos pliegos de texturas exquisitas y cualidades matéricas naturales de las que persiguen la eternidad. Está encantada de que vaya a dibujar en esas hojas livianas con tinta de un negro profundísimo. Decide emplear una parsimonia cuasi orgánica al esmero de desenrollar cada mercancía, y muy a pesar de que me enamoro del primer ejemplar, ella ya ha decidido emplearse a fondo conmigo y debatir sobre la fibra y la transparencia de todos ellos.

Por momentos es antipática, debido a que algunas de mis osadas simpatías no cuajan del todo en ese entorno sagrado. Aunque, de todas formas, en verdad está encantada.

Luego parece no querer venderme apenas nada. Restringe un mucho la cantidad de lo que podría llevarme y porfía incluso para mantener los papeles que quiero unos días más, por algo que tiene que ver con el cálculo exacto del precio a dirimir. Arguyo un par de mentiras que no obstante contienen gotas de verdad, y me voy haciendo pesadamente con retazos del material deseado. Palpo un poco un rollo de seda finísima para pintar, y un delicado papel con oro, cosas que me prometo para otras ocasiones. Y me descubre unos folios medianos hechos a mano, de un papel que semeja un tejido, que consigo comprar con mucho menos esfuerzo; y otros recamados con un sutil jaspeado japonés en apenas gris perla…

Poco a poco ella decide contarme mucho de sus intenciones y sus empeños, abre cajoneras y vitrinas para mostrar orgullosa como cosió las poesías de otros en una compostura esmerada. Dice que malvive para conseguir esos acabados, o eso acabo entendiendo de sus frases rasgadas con humo de tabaco negro, y cuando me tiene más atrapado, unas dos horas después, en historias que no había venido a escuchar, dispone dar carpetazo a lo que de pronto denomina clase magistral. Yo sonrío en dos sentidos, para afuera y para los adentros también, y entiendo que tengo más de lo que podría haber imaginado.

Y al respirar de nuevo la tarde, arrullado por la calle viva, me detengo feliz a pensar que pocas veces se detiene uno tanto a comprar algo, abrumado por la porfía y la disquisición; y decido que todas las horas que queden del día tengan esta textura de hojas de té y este aroma de almizcle. Y camino muy despacio con mis tesoros que pesan poco colgando de una mano. Y llego, y no me atrevo a desplegar los papeles ni aún dibujar nada en ellos. Hoy no.

13 feb. 2009

de todo lo visible y lo invisible (ARCO 2008)

valerie hegarty

En la marea convulsa con la que jadea ARCO, no sólo es difícil moverse sino ver y encontrar. Los confines del llamado programa general (la nómina de galerías seleccionadas) acotan una suerte de mercadillo en la que todo consiste en reconocer, por premisas de común acordadas, esta o aquella firma.

No obstante, la edición dos mil ocho, particularmente entregada al cambio, nos ha deparado el acierto de mostrar en un solo espacio -el pabellón 14/1- todos aquellos ámbitos entregados a la experimentación, facilitando el hallazgo y destilando lo especial. Centrando dicho ámbito, Brasil –el país invitado- funcionaba como una única exposición, debido a que los comisarios han seleccionado a los artistas y después a las galerías que los representaban; además, una diáfana forma de eliminar ciertos tabicajes habituales entre los stands proporcionaba cohesión y fluidez.

Pero, sin lugar a dudas, el fuerte de esta feria ha estado en las secciones Solo Projects y Arco 40 (esta última de nueva creación). En ambos casos se trata de potenciar la emergencia de artistas y proyectos de características singulares, mediante la presentación del trabajo de un artista en solitario (Solo Projects) o de la selección de la obra reciente de tres artistas por galería, a presentar en un espacio reducido (Arco 40). Ese tipo de estrategias del espacio facilitan, por ejemplo, que se aprecie la eclosión del dibujo –un medio revalorizado con creces en la edición que nos ocupa- o el aprecio de lenguajes más poéticos y sutiles que se perderían en el marasmo de arcos anteriores.

Para algunas galerías supone la brillante oportunidad del debut en la feria madrileña mediante una puesta en escena que diverge bastante del consabido concepto de stand; es el caso de Museum 52 (Londres), que exhibe con orgullo el ampuloso y refinado trabajo del estadounidense Valerie Hegarty –ya reconocido por la Saatchi Gallery como creador imprescindible para comprender la contemporaneidad- y su visión no tan deconstructiva como aniquiladora de los tesoros del arte. Hegarty instala piezas fácilmente asequibles por la mirada del merodeador de museos, sometidas a un proceso de degradación que puede provenir de diversos focos –el fuego, la polilla, la inundación o el disparo de artillería-. Originando una sucesión de inquietudes en el observador, que contempla como el mismo espacio expositivo sufre o genera los daños, se resuelven unas pocas incertidumbres mediante intrahistorias que se nutren del subconsciente colectivo, al tiempo en que se piensa en otras visiones apocalípticas, como los últimos museos inundados de La Chapelle.

katerina seda

Franco Soffiantino (Turín), por su parte y en una línea mucho más calma, ha aprovechado la oportunidad para mostrar el oficio cuasi terapéutico de Katerina Seda, una artista capaz de trabajar durante meses en un único proyecto artístico con tal de propiciar mercedes a todo un colectivo o a una sola persona. Desde favorecer la comunicación interrumpida entre centenares de familias en una localidad (Every Dog A Different Master, proyecto exhibido en Documenta 12) hasta, como se da en la propuesta de la galería italiana, paliar las heridas de un pasado doloroso a un familiar muy querido, la propia abuela de la creadora checa. En It doen´t matter, Seda canaliza las propiedades sanadoras del arte para reintroducir a la deprimida matriarca familiar en la vida cotidiana, toda vez que hubiese abandonado cualquier intención de continuar en la lucha diaria tras alcanzar la viudez. La instalación de Katerina Seda consta de un extenso vídeo que recoge una selección de las conversaciones sostenidas con su abuela durante largas sesiones; tras acudir a diferentes opciones infructuosas, la artista comprobó que sólo había una manera de devolverla al presente: haciéndola revivir un pasado en que fue feliz y se sintió útil. Así que se sentó frente a ella para verla dibujar todas las piezas que en años pasados almacenó y vendió en una ferretería, ya que las recordaba –junto a sus precios y tamaños- con una sorprendente habilidad. En la instalación podemos ver, además, todos esos dibujos encuadernados, algunas maravillosas fotografías que recogen la intensa ternura de la que se nutre intencionalmente el proyecto, así como las sillas y la mesa vestida de hule que sirvieron de diván.

judas arrieta

A escala nacional han sido varias las galerías que han disfrutado del placet que ha posibilitado Arco 40; destacaremos, por un lado, la barcelonesa galería ADN, representando a los artistas Judas Arrieta, Virginie Barré y Daniel & Geo Fuchs, en una línea más que coherente al plantear el diálogo entre tres premisas de creación que abundan en las posibilidades de la cultura popular, el dibujo, la fotografía y la escultura-instalación. Judas Arrieta representa la vigencia de lenguajes pictóricos eclécticos, mediante la inmersión en ciertas premisas del Manga y el estilo superflat, la estética del collage y la iconografía infantil de generaciones pasadas. Un entreverado de condicionamientos que dan lugar a una obra extremadamente consciente de los volubles valores icónicos del arte actual, pero que no descuida ni en un ápice los entresijos de la cocina pictórica, por lo que satisface a un tiempo la mirada moderna y aquella otra más clásica que agradece reconocer un buen criterio compositivo.

irene andessner

Finalmente, hemos encontrado especialmente interesante la propuesta de la malagueña sala JM, con una acertada selección de trabajos de Irene Andessner, Iván Pérez y Carlos Schwartz. En sendos casos se produce una nueva mirada al concepto de representación estética, tratando de arrojar luz sobre la exploración y el cambio. Hemos querido subrayar particularmente una de las obras expuestas de la vienesa Irene Andessner, Maternoster, planteada en torno a un vídeo y una cuidada serie fotográfica que resume de un modo esclarecedor toda la acción. Andessner utiliza un viejo elevador paternoster –una tipología de ascensor ya en desuso que consiste en un una cadena de compartimentos abiertos, habitualmente diseñados para dos personas, que se mueve lentamente sin detenerse en un bucle ininterrumpido hacia arriba y hacia abajo-, aún en funcionamiento, para desarrollar la singular performance, que fue emitida en directo mediante la red internet y grabada en vídeo.

Andessner, habituada a una camaleónica introspección mediante el recurso retratístico contemporáneo, asumió cuatro diferentes roles –figuras maternales míticas- y se caracterizó como Alma Mater (la diosa madre romana), la virgen María (imagen cristiana del papel femenino de la renuncia), Madre coraje (encarnada en Anna Fierling, que para mantener a sus hijos mercadeaba en la guerra) y Madonna Louise Veronica Ciccone (la cantante italo-americana que ha personificado los iconos femeninos encontrados de la virginidad y la liberación sexual). Subía o bajaba en el ascensor con viandantes anónimos con los que apenas interactuaba, y consiguió profundizar en una sugerente subversión de los valores masculinos dominantes, toda vez que mutó la nomenclatura del elevador de la jefatura de la federación de la industria austríaca, evidenciando la preeminencia viril en el mundo de los grandes negocios. La obra enfatiza el interés de la artista por los tableaux vivant –retablos vivientes- del pasado, y nos enfrenta a una visión esclarecedora de las desigualdades de nuestros días.

Sin lugar a dudas, el criterio tenido en cuenta para promover las iniciativas de Solo Projects y Arco 40 inciden en las posibilidades de presentar proyectos más amplios y no tanto en la tendencia comercial tan recurrente de exhibir obra suelta, en definitiva hacer visible lo que a veces resulta invisible. Un hábito que debe proliferar, y que podría ser la alternativa para una feria a la que le sobra presencia institucional. Encontrar los ámbitos adecuados para cada actividad, en resumidas cuentas.


(Texto que escribí en febrero de 2008 para la entonces revista digital lafresa.org, en el especial anual dedicado a ARCO)

12 feb. 2009

conrad botes en ARCO 2008


No puedo resistirme mucho más. Hay una profunda expectación en mí, aguantando los días, las horas y los minutos que me quedan para mi particular saturación artística anual en ARCO, una cita a la que vengo siendo fiel de unos años a esta parte. He querido entresacar de mi experiencia del año pasado a uno de los artistas que más me impresionaron, Conrad Botes, representado por la galería Michael Stevenson. Las obras expuestas en el stand correspondiente de la feria pertenecían a una serie espectacular llamada Satan´s Choir at the Gates of Heaven (algo así como el coro de Satán a las puertas del cielo), todo un despliegue iconográfico acerca de la visión moderna de las preocupaciones pseudorreligiosas, en la que el propio artista se contempla a sí mismo como parte de un engranaje de condenación-salvación y en el que parece encarnar un espíritu inquieto, algo atormentado por visiones apocalípticas enredadas en discursos postcatólicos.


Conrad Botes trabaja en instalaciones en las que confluyen varias de las técnicas artísticas con las que predica, a saber: Escultura en madera policromada -sí, como la antigua imaginería religiosa, con un punto bastante naïf que entronca con la rusticidad de la piedad popular y con bastantes de los estilemas del culto cristiano colonial (de hecho no pude evitar recordar al santo de Like a Prayer)-, pintura sobre cristal -una técnica que estaba relegada al ámbito de de las artes populares y que adquiere aquí una nueva dimensión- y pintura mural -a partir de unos grafismos que muestran la vinculación de este creador con el mundo del cómic y el arte callejero-. El todo resultante, lejos de chirriar, es de una coherencia abrumadora.


La temática ostenta un desenfado que parece ser ya natural en cuanto al tratamiento que los artistas contemporáneos otorgan al hecho religioso, si bien no es la suya la típica ironía fácil que puebla muchas de las obras en este sentido que se mueven en galerías y ferias de arte, como chascarrillos baratos que nos arrancan apenas una sonrisa de complicidad. Aquí, sin embargo, el artista es consciente de su condición de maldito, se tatúa en su propia piel los estigmas de las fabulaciones sobrenaturales y se comporta como un devoto de algún extraño rito que participa también de la estirpe de la oscura santería.

El acertado uso del formato circular para los tondos de cristal y el carácter orgánico de la pintura que sirve de telón de fondo convierte a sus instalaciones en una manera expansiva de ocupar el espacio; y a pesar de que casi todas ellas se organizan para una visión frontal, poseen tal calidad de interrelación que sería imposible imaginar sus piezas según otro esquema organizativo.

Hay que decir que Botes fundó y editó junto a Anton Kannemeyer la serie de albumes de historietas Bitterkomix, publicación surafricana, en la que mantiene una vinculación estilística con el cómic de décadas precedentes, un imaginario plagado de escenas convulsas y un procedimiento de trabajo que incide en el gesto pictórico rotundo, con tramas que parecen inspiradas en la tosquedad del xilograbado. Todo ello parece haber fraguado un lenguaje personalísimo y que, aislado en la planicie desolada de la galería, cobra una autoridad impresionante.

11 feb. 2009

javier calleja, el coleccionista


Es Javier Calleja un metalingüista de principios; utiliza como medio expresivo la instalación, esto es, un arte de salón –casi un rococó subvertido, como diría Fernando Castro- que ostenta una fuerte determinación a deconstruir los espacios y modificar la estructura de los lugares. Resuelto en este todavía incipiente género artístico –unas décadas no son nada-, y obcecado en la incitante visión gulliver a que nos aboca el artista, no sólo nos envuelve y acoge: Decreta nuestros movimientos, nuestro recorrido y hasta la mirada –que se sentía libre frente al cuadro-. Y al hacerlo toma como principal reseña el hecho mismo de la multiforme problemática de lo artístico. Como un demiurgo omnisciente que, conocedor de los entresijos más contradictorios de los engranajes del arte, recrea una ilusión autorreferencial que tiene mucho de disección al tiempo que de ilusión fascinante.


Uno de los principios estéticos en que fundamenta su obra es el factor acumulativo; y no es la primera vez que el arte contemporáneo remeda el sinuoso espectáculo que supusieron las wunderkammer o cámaras de las maravillas a partir del Renacimiento –los más que influyentes Daniele Buetti, Raymond Pettibon o Mark Dion organizan el visionado de sus trabajos a modo de gabinete de coleccionista, aunque desde intenciones bien distintas-, lo cual lejos de incomodar a Calleja le es más que familiar (teniendo en cuenta su experiencia laboral en la logística de exposiciones y centros de arte). Y lo que nos relata con ello no es precisamente una desbordada pasión humanista por el conocimiento: Más bien una obsesión enfermiza por el hecho de coleccionar y atesorar, como se aprecia en las actitudes de esos frágiles personajes de cabeza cúbica que deambulan por sus apabullantes compilaciones.


Sus obras nos enfrentan a un universo de lo ínfimo –como Walter Martín y Paloma Muñoz, Baltazar Torres o Liliana Porter- para que hagamos acopio de un sinfín posible de actitudes voyeuristas –como el ojo de la cerradura, lo diminuto atrapa nuestra atención en un talante enigmático- que acaban en una conclusión catárquica, la única posible que puede derivar de este simulacro berrueco: La de encontrarnos en medio del caos.


(Publiqué este texto sobre el artista para el libro "Arte desde Andalucía para el Siglo XXI", coordinado por Iván de la Torre Amerighi, editado por la Junta de Andalucía y presentado en la edición de ARCO 2008)


5 feb. 2009

calaveritas

Damien Hirst en ARCO 2008

La emoción de haber comprado el billete de Ave que me conducirá hasta ARCO en esta presente edición -haciendo un paréntesis que será muy de agradecer en mis preparativos para Basel- no ha hecho sino removerme en el asiento frente a mi pantalla extrabrillo, y provocar que reabra los archivos del disco externo -donde un día explotarán cientos de miles de imágenes como si nada- para hacer una revisitación, entre calada de cigarro y sorbo de descafeinado, a los artistas que pude atrapar de aquella manera entre la marea ingente de la feria... Hoy, para más inri, leo en el twitter de quierosergalerista que es bastante posible que la calavera de platino y diamantes de Damien Hirst pueda encontrarse en la feria haciendo de este modo parada y fonda en la intensa gira museística que está prevista para el cráneo de marras.

Eso me lleva automáticamente a mi viajecito a París el septiembre pasado; sobre todo a la mañana que pasé en el nuevo y maravilloso museo etnográfico du Quay Branly entre tótems y visiones ajadas de deidades terribles donde, como algo que lo hilaba todo, el miedo atávico a la muerte podía respirarse en esa atmósfera umbría que han creado expresamente para mostrar una ingente colección de objetos de los cinco continentes. Aquella misma mañana pasé por el Palais de Tokyo, que tenía sus salas cerradas al público por estar preparando una exposición, y acabé deshojando margaritas -vamos, escudriñando libros- en la interesante librería del centro de Arte. Cuando cayó en mis manos For the Love of God: The Making of the Diamond Skull -el libro acerca de la obra reseñada de Hirst-, pude pasar un tiempo inaprehensible archivando cada imagen en mi memoria, colapsado por la evidencia de una obra de arte que habría bloqueado de seguro las opiniones acerca de arte y mercado.

FOR THE LOVE OF GOD, Damien Hirst

En ese momento no sabía nada de la pieza -sí, andaba un poco despistado, como de costumbre-; pero ahora conozco detalles interesantes como que George Michael y su novio ofrecieron setentaycinco millones de dólares por tenerla en su haber o que el cráneo que sirvió de molde para la réplica en platino pertenece a un hombre de mediana edad que vivió en el siglo XVIII. Me subyuga también la idea de que la pieza de alta joyería -lleva incrustados más de mil diamantes y es la escultura más cara de la historia- se haya exhibido en el Rijksmuseum entre obras de arte del Barroco pertenecientes a su colección permanente y seleccionadas por el propio Hirst, seguramente una cuidada suite de Vanitas y Memento Mori tan fecundas en los años de la contrarreforma.

www.fortheloveofgod.nl

Llego por cauces entramados cual rizoma virtual a la web que han erigido en honor a esta pieza desmesurada, http://www.fortheloveofgod.nl, y compruebo el marasmo insospechado, un murmullo apenas sordo resultante del elogio o la crítica despiadada de al menos medio millar de mortales, a los que han filmado dando su parecer sobre la obra. Alguien muy astuto ha diseñado la página como un portento astrológico en que las cabezas de los que se han prestado al experimento giran en torno a la calavera del artista británico como satélites en torno a un rey astro -a veces imagino que Hirst se cree Luis XIV, y no es muy descabellado pensarlo-, redundando en el aura de que se pretende impregnar a toda su obra con todo lo que ello conlleva.

Así que, ante tantos estímulos, ni corto ni perezoso, enciendo el iTunes y busco música apropiada: El Stabat Mater de Pergolesi, algo de Bruckner y poco de Rufus Wainwright entremezclado en un anacronismo delicioso. Luego compruebo que el día sigue tan encapotado como lo recordaba, y descorro la cortina para ver encharcarse los áticos de los edificios cercanos -más bajos y que me permiten contemplar un recorte gris cobalto de mar- bajo una lluvia que no da cuartelillo.

Todo me conduce irrevocablemente a algunas de las cosas que fotografié en el pasado ARCO, cuando, inocente de mí, no sabía de lo en boga que estaban los cráneos de nuevo en el arte, por obra y gracia de Hirst o por pura casualidad o tendencia fashionvictim que remedaba los coletazos de modas recientes en el vestir. Tras un poco más de descafeinado y algún cigarro más, consigo recomponer mi colección de calaveritas, las obras de aquellos que quisieron desafiar a la Santísima Muerte -así la veneran en México- con variaciones acerca de la vanidad inherente a la vida, con brillos y oscuridades tan propias de otros tiempos pero tan presentes.

Albano Alfonso

James Alddridge

liu ding

matthew day jack

Neil Farber
Paulo Nozolino