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22 abr 2009

Noelia García Bandera: Commedia dell´Arte

Exposición: Commedia dell´Arte. Galería Alfredo Viñas, Málaga. 17-04-09/17-05-09.

Es tristemente frecuente que se desoiga a las ministras u otras mujeres que detentan cargos relevantes toda vez que se centra la atención en el cromatismo o la corrección protocolaria de su atavío; o que tratemos de llevar a cabo nuestro particular y superficial Pygmalion a aquella artista que ose mostrar una voz prodigiosa sin haber reparado en lo atinado de su aspecto. En tiempos de la fingida paridad, donde lo políticamente correcto trata de compensar el desmán anterior, las mujeres que han conseguido -a costa de sus proyectos personales y familiares en un gran número de casos- llegar a una posición representativa de la sociedad son exhaustivamente examinadas en base a criterios que nada tienen que ver con su formación o el valor de sus palabras. El daño se infringe desde el lenguaje, mediante expresiones populares que atribuyen una confianza exigua al sexo femenino (sentencias como "calladita estás más guapa", en la que se aglutinan la posición silente de la mujer y su responsabilidad última, que parece tener más que ver con el cuidado de su apariencia externa), y en ese caldo de cultivo surgen cientos de actitudes que lo respaldan. La frecuencia con que esto se produce es uno de los resquemores que nos embargan cuando esos ojos nos desafían de forma callada desde las últimas fotografías de la artista.

Noelia García Bandera ha encontrado en la Moretta veneciana la plasmación atemporal de ese discurso silencioso, por el que a las mujeres se les supone toda actividad en la sombra y se les refuta cualquier activismo, voz o voto. Estamos hablando de un particular tipo de máscara veneciana que ha de ser sujetado con la boca -no posee cintas sino un botón en la cara interior- y que expresa silencio desde su misma concepción externa, ya que a diferencia de otras ni siquiera tiene detallados los labios. El uso reincidente de este sencillo elemento -un óvalo negro con dos orificios- se convierte en leitmotiv y en pretexto, y al tiempo en signo evidente, que apenas necesita aclaraciones.

Curiosamente, una de las trabas que halló la artista para enfrentarse a este proyecto fue el hecho en sí mismo de hacerse con una de esas máscaras. Miradas reprobatorias, gestos de antipatía y palabras de desconfianza que no hicieron sino reforzar las sospechas que pudieran cernirse sobre el verdadero trasunto de este adminículo. Probablemente, aquellos que las poseen saben de las máscaras su lenguaje -más si cabe en un lugar como la ciudad de Tiziano, donde existe un rico y variado código en torno a ellas-, y quizá compartan -en una sostenida y antigua empatía- los criterios con que aquellas fueron concebidas. Si atendemos a la historia, ese modelo de antifaz tenía su origen no en el carnaval, sino en una de las medidas preventivas para con las mujeres que visitaban espacios monacales y conventuales en la Francia tardomedieval; se sabe que completaban su aspecto con un velo negro, y que con ello se impedía tanto que hicieran ostensible su belleza como el acto mismo del habla, algo que no se proponía para los varones en iguales circunstancias. En la lúdica celebración del carnaval veneciano, este diseño reportaría un cubrerrostro perfecto para alguna de las ansias que se manifestaban en tan voluptuosa concurrencia, como mantener a las mujeres discretamente aisladas de las conversaciones y que fuesen tomadas como meros soportes estéticos; las mujeres que llevaban este tipo de máscara eran patricias, y solían vestir de forma suntuosa y particularmente sensual en el contexto de la Europa de entonces, por lo que impedirles al menos el habla reduciría su impacto seductor entre los varones -¿o eso potenciaba el código gestual y por tanto la puesta en valor del lenguaje corporal?-. De ahí el éxito que este objeto importado obtuvo en la perla del Adriático en tales fechas previas a la cuaresma.

Noelia García Bandera ya ha trabajado antes con prendas que participaban en la ocultación o el aprisionamiento simbólico del cuerpo femenino, tales como el velo de novia o la venda en los ojos. En su serie anterior “Algo prestado”, la iconografía nupcial de occidente establece un yugo no por transparente y liviano menos efectivo sobre la figura de una mujer sometida y que probablemente asume y acepta ese rol. Por otro lado, en su conjunto fotográfico “Desatando cabos”, una mujer de edad madura se desprende no sin cierta dificultad del vendaje que le impide la visión, en una secuencia casi fílmica que acentua el dramatismo de la propuesta. Algo similar vemos en el políptico “Katharina says” de la exposición que nos ocupa, una auténtica partitura de movimiento en su sentido más teatral, interpretada por una profesional de la danza. Imposibilitada el habla por la moretta, queda la voz del cuerpo; la modelo utiliza la torsión de su tronco y la gestualidad casi infinita de sus manos para desarrollar hasta cuarenta expresiones (no obstante podrían multiplicarse) que quedan posicionadas en un imaginario pentagrama de secuencias conectadas entre sí, con principio y final.

Juega otro papel fundamental en el proyecto “Commedia dell´Arte” la versión no estereotipada de la belleza femenina: La cabeza rasurada de Katharina y sus senos que presentan una gravitación natural no alterada por aditamentos modernos externos o internos; la pléyade de tatuajes que recaman la epidermis de otra modelo junto a su pecho de proporciones menos exultantes que las que se proponen desde los cánones al uso. La propia Noelia confiesa en alguna ocasión que las mismas mujeres participan de los convencionalismos que las subyugan a tendencias o exigencias de la moda; ella misma se propone como ejemplo, lo cuál, lejos de inculparla, manifiesta una clarividencia moderna por la cual una mujer, sea cual sea su aspecto, no presupone una actitud ni predispone a ella (desde el tópico de la mujer fatal a la fashion victim más reciente, las mujeres que hoy adoptan fórmulas estéticas cercanas a esos conceptos no tienen que construir necesariamente su identidad en derredor de esos principios).

Esa conciencia, afianzada en la firmeza y convicción del discurso, permite plantear a la artista el recurso de su propio cuerpo, a la manera en que otras mujeres artistas lo han abordado. La conciencia del propio cuerpo se convierte, en el terreno de las mujeres artistas comprometidas con la visión de su género en la sociedad, prácticamente en una herramienta necesaria. De la misma forma que las modelos que aparecen en las obras tocan un piano mudo o expresan todo un mundo interior mediante la danza o la mímica, las mujeres artistas del presente han descubierto lenguajes artísticos que no siempre coinciden con los tradicionalmente establecidos por los hombres como “Bellas Artes”; sería el caso de Elena del Rivero o Louise Bourgeois, que adoptaron en su momento alternativas materiales a las consabidas técnicas creativas. Y considero que el uso del propio cuerpo, a pesar de no manifestarse como una invención, es en este terreno uno de los pilares de ese arte femenino –entiéndase lejos de todo encasillamiento posible-. Los dos autorretratos de Noelia, acuclillada y también sometida a la moretta, poseen la principal tensión en el brillo de la mirada –un destello cristalino que otea hacia algún lugar vetado para el espectador-, lo que la sitúa en un horizonte optimista pero para el que quedan muchas actitudes por combatir.

No deja de ser elocuente que sean todas mujeres las que asuman posicionamientos activos en esta exposición (el más evidente es el de las amazonas en su cabalgadura); es la trasposición de La Comedia del Arte, en la que por otro lado no se permitía a las mujeres (al igual que en toda la tradición de la dramaturgia anterior) participar en escena. La sobriedad y la belleza diáfana de estas imágenes –fondos negros o de un blanco preciosamente quemado en la mayor parte de los casos- colaboran a su iconicidad, un valor que las convierte en elementos parlantes para cualquier tempo social.


Imágenes facilitadas por la propia artista.

www.noeliagarciabandera.com


Otros textos sobre Noelia García Bandera en este blog:

Compromiso y Honestidad
Mujeres, insectos...





5 nov 2007

Noelia García Bandera: Compromiso y Honestidad



Compromiso y honestidad podrían ser dos grandes términos que definiesen, así a vuelapluma, el carácter que ha venido marcando la coherente trayectoria de Noelia García Bandera. El primero porque se desprende a todas luces que el objeto de su producción artística, lejos de enmarañarse en ejercicios de estilo o en el devaneo del hallazgo del propio, ha sido y es una especie de débito con sus semejantes que se manifiesta en una diáfana empatía. Lo segundo deducible de una observación rápida, pues hilvanando diversos capítulos de sensibles cambios en su creación está la limpieza del resultado, que cuenta con el mínimo artificio y el límite que impone la veracidad.

A esta fotógrafa malagueña no le importuna el empeño taxonómico que la sitúa en el ámbito de las artistas adheridas a la causa feminista. De hecho, una parte de su producción posee un cierto aire performativo que bien pudiera maridar con las propuestas de Marina Abramovic o Regina José Galindo. Aunque la obra de Noelia no ostenta la rabia fulgurante de esta última –una probable pose mediática-, sí que enlaza directamente con algunos de sus presupuestos discursivos –básicamente la situación del género femenino ante problemáticas como la virginidad, el matrimonio, la identidad sexual y las agresiones sexistas-. De la primera parece tomar algo de su inevitable elegancia serena, confiriendo al conjunto de su obra una poética coherente y sencilla.


Las imágenes de García Bandera son, en ese sentido, tenuemente pictoricistas. Nos llevan a la más sincera pintura barroca española –la retratística más genuina- a la manera de un Pierre Gonnord, si bien otorga a la composición de una luz clarificadora. Lo que en la fotografía al uso viene siendo un deleite estético sobre el detalle, en García Bandera acaba por resultar de una sinceridad pasmosa: Se cuestiona la juventud como sinónimo de belleza, se pone en un brete el ideal atesorado en occidente sobre verdades reveladas acerca del eterno femenino. Se mira de frente a la decrepitud –entresacando una belleza frágil y esquiva-, por tanto también a la muerte (algo hay de vanitas en todo ello), y se erige a la experiencia de los años como parte de la esencialidad.


Fotografías por cortesía de la propia artista.


(Publiqué este texto sobre el artista para el libro "Arte desde Andalucía para el Siglo XXI", coordinado por Iván de la Torre Amerighi, editado por la Junta de Andalucía y presentado en la edición de ARCO 2008)

15 nov 2006

La Estrategia del Calcetín


Exposición

La estrategia del calcetín [the sock strategy].
Centro Cultural El Monte, Sala Villasís.
Sevilla, 04 octubre 06/ 30 noviembre 06
Comisario: Iván de la Torre Amerighi


El misterio de la transustanciación: Un objeto desprovisto del ámbito acogedor para el que fue previsto muda de piel y se convierte en nueva esencia; renace de manera forzada, es obligado a resistir el envite del temporal, aprende el lenguaje de signos para desenvolverse en el espacio extranjero, e, invariablemente, comienza a decir nuevas cosas.

Demasiadas veces el artista planifica concienzudamente su obra para el escaparate níveo; la imagina sosegada, acomodada a la planicie diáfana y mansa de la galería. Solicita para sus hijos un aire para respirar, lo que se traduce en metros cuadrados de muro libre y un encuadramiento lógico y asequible a sus dimensiones y pretensiones.

No es de extrañar que alguno de los artistas –y no es que haya escuchado a ninguno de ellos ni a ninguna de las voces amigas que presenciaron la premiére de la sonada exposición La estrategia del calcetín- se sintiese ninguneado (las obras están desasistidas de la santa cartela y obligadas a resistir la cornada de posarse sobre una piel rayana en el histrión)… Tampoco lo es que alguno de los curadores (los que curan, los que sanan el panorama cultural, los que inyectan la verdad en jeringas de toda la vida) cuchicheen mínimos exabruptos copa en mano y exhalen su indignación de forma discreta al contemplar el desbarajuste. Iván de la Torre Amerighi debe ser un hereje en todo caso, y un protagonista como ya han dicho algunos (pero prometo no haber oído nada). Hablo del comisario, que no del curador.

Sólo las señoronas –léase este término con todo el cariño posible- de una cierta edad pueden comprender el zahiriente papel de pared como lecho setentón sobre el que reposa (a duermevela, con inquietud, con desasosiego) una reunión de arte. Al fin y al cabo todos los artistas –andaluces, porque faltaron en la anterior Bienal dicen muchos- son de la misma quinta, nacidos bajo el signo de la transición, como sus hijos e hijastros. ¿Son todos los que están o están todos los que son? Esa es una pregunta que nos terminaremos haciendo porque la nómina es interesantísima y eficaz, y el margen de acierto/error de esta seleccción es mínimo. Entresacaré por mi gusto personal a la ebullición vital de Carlos Aires, la retratística punzante de Noelia García Bandera, el irónico juego interesantón de Carlos Miranda y la pintura siempre tremenda de Matías Sánchez. Y eso por resumir.

Al ver La estrategia del calcetín (the sock strategy, que suena fetén) me imaginé en aquella exposición memorable del Palais de Tokyo –Translation, junio de 2005- mediante la cual un par de diseñadores gráficos –M/M, sí, los que diseñaron carátulas de CD a Madonna y toda una cartelística valiente y voluptuosa- tuvieron carta blanca para reubicar –confrontar, recontextualizar, medir- la flamante colección de arte contemporáneo del también flamante colector griego Dakis Joannou. Y no dudaron en empapelar los diferentes espacios con sus diseños para configurar atrevidas escenografías que sirvieran de inusual telón para las obras. A muchos se les olvida el turgente adamascado que reviste las salas del Prado para acoger a Velázquez, y que el arte siempre se ha visto mezclado con la vida. O eso pensaba yo durante esta larguísima dictadura del contenedor límpido.

En esta estrategia –inadivinable para Andalucía y menos para Sevilla, el joyel de la Semana Santa y otros trasuntos del arte efímero- las obras se hermanan según un correlato que flota en el aire, más bien según varios microrrelatos (El elogio de la irreverencia, La subversión de lo real, El sujeto-objeto, Escenografías y máscaras, Esplendores cotidianos, Paisajes distópicos). Para salvar la necesidad de contar bien la historia, valgan las licencias poéticas de esquinar un cuadro a sangre con la pared o permitir (qué alegre sacrilegio bollante de clarividencia) que todo se refleje a vuelapluma sobre los cristales que resguardan las obras. Esa es la naturalidad de desear una manera diferente de ver y ser vistos.

Es el calcetín el que se ha dado la vuelta del revés, todo patas arriba según premoniciones adversas, y el aroma que ha macerado en su interior profiere un intenso narcótico del que no quiero desasirme. Valga también mi deseo; que sea la primera de otras muchas experiencias de ensayo. Que nos falta experimentación y nos sobran las políticas complacientes.


Publicado originalmente en lafresa.org, 2006.

1 nov 2005

Mujeres, insectos... - Noelia García Bandera


Imágenes con suficiente consistencia como para devorarnos. Puede sonar un poco tremendo así dicho, pero es cierto. Por muchas razones. Entre muchas otras, estas fotografías de Noelia García tienen algo de planta carnívora. Maximizando voluptuosamente sencillos pares de pestañas, en húmedo y fragante verde suptropical o en un encendido amarillo ambarino, todo se reinventa como fauce insaciada, gruta expectante.

Y en ningún caso estoy hablando del icono femenino como metáfora de la mantis religiosa, entiéndaseme. Porque es un devorar dulce el que se promete, en una lentísima –al ritmo delectante de un documental botánico- seducción que se adivina con todos sus aromas y fluidos. Es un tipo de fotografía sinestésica, que nos habla de sensaciones aparentemente ausentes (particularmente, me refiero a que podríamos oler o saborear, más que disfrutar cromáticamente del espectáculo, por así decirlo).


La misma sinestesia he padecido confundiendo estos retazos del cuerpo humano con alguna extraña vegetación desconocida y magnificada por un obturador silencioso. Porque Noelia García le ha dado la vuelta al antiguo juego de simular algunas glándulas y otras sensualidades en estambres y pistilos. Todos tenemos unos cuantos referentes de esa diversión, ¿no es cierto?

En estas imágenes, casi con tanta garra como cualquier lienzo de O´Keefe, lo más evidente es la vida –no tanto en un sentido dionísiaco, como el arte se ha encargado muchas veces de plantear; más bien en un sosegado pero consciente sueño de hibernación, lujurioso sueño si se me permite-. En una primera impresión me parecieron evidentes insectos, ahora cada vez más asocio estas fotografías a una especie de paisaje sobre la vivificante piel de Gea, aquella que hizo germinar todo tras una lluvia intensa inenarrable, en el principio de los tiempos.


Publicado originalmente en lafresa.org (Noviembre de 2005)