5 nov. 2007

Noelia García Bandera: Compromiso y Honestidad



Compromiso y honestidad podrían ser dos grandes términos que definiesen, así a vuelapluma, el carácter que ha venido marcando la coherente trayectoria de Noelia García Bandera. El primero porque se desprende a todas luces que el objeto de su producción artística, lejos de enmarañarse en ejercicios de estilo o en el devaneo del hallazgo del propio, ha sido y es una especie de débito con sus semejantes que se manifiesta en una diáfana empatía. Lo segundo deducible de una observación rápida, pues hilvanando diversos capítulos de sensibles cambios en su creación está la limpieza del resultado, que cuenta con el mínimo artificio y el límite que impone la veracidad.

A esta fotógrafa malagueña no le importuna el empeño taxonómico que la sitúa en el ámbito de las artistas adheridas a la causa feminista. De hecho, una parte de su producción posee un cierto aire performativo que bien pudiera maridar con las propuestas de Marina Abramovic o Regina José Galindo. Aunque la obra de Noelia no ostenta la rabia fulgurante de esta última –una probable pose mediática-, sí que enlaza directamente con algunos de sus presupuestos discursivos –básicamente la situación del género femenino ante problemáticas como la virginidad, el matrimonio, la identidad sexual y las agresiones sexistas-. De la primera parece tomar algo de su inevitable elegancia serena, confiriendo al conjunto de su obra una poética coherente y sencilla.


Las imágenes de García Bandera son, en ese sentido, tenuemente pictoricistas. Nos llevan a la más sincera pintura barroca española –la retratística más genuina- a la manera de un Pierre Gonnord, si bien otorga a la composición de una luz clarificadora. Lo que en la fotografía al uso viene siendo un deleite estético sobre el detalle, en García Bandera acaba por resultar de una sinceridad pasmosa: Se cuestiona la juventud como sinónimo de belleza, se pone en un brete el ideal atesorado en occidente sobre verdades reveladas acerca del eterno femenino. Se mira de frente a la decrepitud –entresacando una belleza frágil y esquiva-, por tanto también a la muerte (algo hay de vanitas en todo ello), y se erige a la experiencia de los años como parte de la esencialidad.


Fotografías por cortesía de la propia artista.


(Publiqué este texto sobre el artista para el libro "Arte desde Andalucía para el Siglo XXI", coordinado por Iván de la Torre Amerighi, editado por la Junta de Andalucía y presentado en la edición de ARCO 2008)