22 mar. 2009

pain - el catálogo



Catálogo de la exposición PAIN, B&B Galerie (Basel, Suiza).

[Click sobre la imagen para ver a pantalla completa]

* 40 páginas a todo color
* 18 x 18 cm
* cubierta blanda
* papel premium
* fotografías de alta resolución

Edición: Blurb

Precio: 12,00 € + gastos de envío (fuera de Málaga capital)
Pago mediante Paypal o transferencia bancaria.

Más referencias en pedroalarconramirez@gmail.com



20 mar. 2009

Madelon Vriesendorp, gabinete de curiosidades


No es extraño encontrarse a menudo con alusiones al coleccionismo -ya artístico o de otra índole, si bien el artístico en mayor medida- como una especie de comportamiento obsesivo compulsivo rayano en lo enfermizo. Incluso se da el caso de que muchos coleccionistas de arte llegan a reconocer que su posición en el mundo, tomando como actitud aquella acumulativa que parece dotarles de diferentes condicionantes para la felicidad, es cuasi patológica. Iván de la Torre Amerighi se ha referido a la disyuntiva del coleccionismo en base a dos parámetros bien curiosos: la actitud nostálgica y algo fetichista de quien quiere apresar las reliquias del pasado, y la actidud preventiva de aquél que quiere reservarse ases en la manga "por lo que pueda pasar". A medio camino entre una y otra posición encuentro yo al verdadero coleccionista: Alguien entregado a la conservación de una fina retícula de resíduos arqueológicos (todo es arqueología; el celular obsoleto, desde el momento mismo en que es sustituído, se convierte en arqueología) que no obstante se preocupa de establecer un cierto orden en el caos, desde principios taxonómicos bien universales bien más intuitivos.


Contemplando una exposición antológica de Madelon Vriesendorp en el Museo Suizo de Arquitectura -que tiene su sede integrada en el fabuloso Kunsthalle de Basel- sobrevinieron estos y otros más fugaces pensamientos en torno al síndrome de Diógenes a que en cierta manera nos vemos abocados cada vez que coleccionamos. Entiéndase en el sentido más amable; pues no afirmo que reunamos basura en torno a nosotros, pero sí en cierto modo objetos que carecen de funcionalidad práctica, que precisamente por los valores taumatúrgicos que les asociamos entran a formar parte de nuestra obsesión por poseerlos. El artista crea objetos (aunque ya no es siempre precisamente así, casi todos los creadores se ven alguna vez envueltos en esa necesidad), y el coleccionista se obsesiona con almacenarlos tratando en todo momento de desligar ese matiz peyorativo que se desprende de "almacenaje" o "acumulación" revistiendo su asunto de todo un trasunto teórico que a veces puede consistir exclusivamente en el intenso diálogo a que obliga a sus trofeos de caza con la puesta en escena de la colección en el ámbito doméstico.


Volvamos de nuevo a la artista holandesa; ella ha esparcido su obra dibujística y pictórica en brillante sintonía con sus colecciones de objetos y postales, que lejos de ensombrecer sus facetas creativas o subrayar sus carencias (Vriesendorp no pasará a los anales por ser una gran pintora) sencillamente sirven de manifiesto, de alucinante y apasionada declaración de intenciones. Vriesendorp, muy a pesar de que pasa en todos sitios por artista plástica del ámbito de lo bidimensional (esto es, una potente creadora de imágenes), es una instaladora en toda regla. No sólo condiciona el papel de cada objeto en función de su relación con el resto, sino que incluso confía en que el orden y la situación de cada uno de ellos depende en gran medida de factores tan ambiguos como el subconsciente. No olvidemos que Vriesendorp se mantuvo muy cerca de las corrientes que ensalzaron en su momento el método paranoico crítico -propuesta de interpretación que Dalí definía como "método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes".


Precisamente en torno a este método, en el que Salvador Dalí confiaba para la puesta en marcha de su proceso creativo, se lleva a cabo una ingente producción de ilustraciones de la artista que discurren a través de la paranoia. Quizá de todas ellas las más conocidas y al mismo tiempo las que seducen a primera vista son las que narraron un ambiguo romance entre los rascacielos Empire State y Chrysler, que aparecen en uno de los dibujos tumbados en un lecho matrimonial en evidente situación postcoital, o emulando las posiciones y actitudes que tomaron los personajes del Angelus de Millet en su postrera reinterpretación por el ya mencionado artista de Figueras. La Gran Manzana, por tanto, es una de las obsesiones de esta creadora, que tiene en la estatua de la libertad un icono que maneja a voluntad para reintegrar en ella una nutrida selección de significados. No en vano gran parte de sus acumulaciones de objetos tienden a desarrollar una particular visión del Skyline -ya neoyorkino ya de cualquier otra parte del mundo-, en la que tienen lugar diferentes y recurrentes representaciones de los rascacielos extraidas del vulgar y no obstante rico ámbito del souvenir.


La exposición de Vriesendrop es una cámara de las maravillas moderna, donde tienen lugar los más bizarros objetos recopilados a lo largo de toda una vida -colección que sigue creciendo, que se exhibe todavía como proyecto abierto-, que nos provoca serias preguntas acerca de las intenciones que escondemos al decidir conservar cualquier objeto -artístico o no- o posicionarlo en el micromuseo que habita entre los pliegues de nuestra imaginación. Más interesante aún es la propuesta de esta artista si consideramos la última de sus obras mostrada en el Kunsthalle, una versión a escala humana de algunos de los objetos que formarían parte de un extraño juego para el visitante. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión...

13 mar. 2009

Hoja de sala -pain-

De la misma forma que el escritor comienza a escribir y no es consciente de su escritura hasta la primera revisión, Pedro Alarcón (Málaga, 1974) nos descubre en su primera exposición internacional, Pain, lo que viene siendo desde hace tiempo una prolífica red de significados en torno al amor, la vida y la muerte, iniciando un recorrido singular por el dolor y la superación.


Siguiendo la estela del trabajo iniciado con
Sciatic pain -y la intervención de diversos espacios con stickers realizados en una suerte de celebración vitalista por la consecución de logros personales- Alarcón nos recibe con piezas íntimas, utilizando el papel y la tinta como únicos elementos y recurriendo al dibujo, variable fundamental en el conjunto de su obra, con precisión y cálculo, para tejer unas piezas que requieren de habilidad artesanal y gusto por los detalles. Morfologías ilusorias de calidades densas alejadas de la reproducción científica para crear nervaduras y vasos comunicantes que irrigan e irradian un placer silencioso e íntimo, y nos introducen en los encantos del misterio y lo esencial.


A través de las series expuestas,
Exvotos, Great expectations (Grandes esperanzas), Pain stories (Historias de dolor), y Framed men (Hombres enmarcados), Alarcón nos invita a vivir una experiencia corporal y sensible, donde todos nos sentimos representados. Una sucesión de símbolos antiguos y resistentes que nos enfrentan a nuestros primitivos deseos y temores. Las turgencias frutales y carnosas de unos corazones que laten más fuerte de lo soportable, la exquisitez de unas flores que se resisten a morir disecadas y desafían poderosamente a la gravedad, el recorrido interno de una nervadura punzante y detenida en unas siglas maltratadas por el dolor, o la inconsistencia de un edificio en llamas. Todo es posible para rendir culto a un favor o gracia recibidos, para materializar una promesa en objeto.


Impregnado de la tradición popular de las ofrendas-exvotos que tapizan los muros de las sacristías andaluzas, pero alejado de su concepción propiamente religiosa, Alarcón utiliza esa iconografía para reproducir amores coleccionados, plasmar frustraciones pasadas o dejar la impronta de la superación de un objeto obsesivo, físico o emocional.


En un escenario inacabado y enriquecido con posibilidades futuras, plagado de recovecos, atajos y pasarelas, sus vestigios troquelados e invadidos de referencias literarias, cinematográficas, musicales y vivenciales, nos traducen sus inquietudes vitales y estéticas y nos llaman a participar de su particular universo pequeño y comedido. Eso nos lleva a imaginar un trabajo minucioso de tinteros, pinceles y elementos cortantes, que unas veces se disuelve sobre el papel como una paisaje fluido de líneas claras y espaciosas, y otras se obstina en vericuetos, incisiones laboriosas y caprichos insistentes, que nos dejan un regusto gozoso y tentador. Esperanzador, siempre.



Ana Robles

Febrero de 2009




Desde aquí mi agradecimiento a Ana Robles, que puso un exquisito cuidado en interpretar certeramente mi trabajo y presentarlo a los demás en un modo tan claro y exquisito.

12 mar. 2009

Enfrentarse al espacio vacío


Ponerse ante la sala en blanco, el espacio vacío, era un doble reto. De un lado, para constatar si podía poner en práctica algunas de las cosas que había aprendido en aquella asignatura de Museología de la carrera, de la que creo haber entresacado las ideas más útiles de las que me han sido recurrentes. De otro, para responder al interrogante de si el despliegue de mis obras funcionarían en ese o cualquier otro lugar.

Mi pulcritud organizativa me tenía acostumbrado a observar las piezas de dibujo enfundadas en acetatos transparentes para no dañar el papel; mis problemas de espacio no me suelen permitir mucho despliegue de las obras por las paredes de casa, y es frecuente que tenga que hacerme una idea de las composiciones en que trabajo gracias a un poco de photoshop y un mucho de imaginación. Así que poder contemplar este tipo de obra -es la primera vez que se exponen mis dibujos, en otras ocasiones he exhibido trabajos artísticos de otras técnicas diferentes- en una Galería de Arte suponía una experiencia en toda regla.

Tenía claro que el montaje debía expresar un correlato de las piezas, es decir, que interpretase en cierta medida la fragilidad y el dolor que venían encerrados en ellas. Así que la opción de anclarlo todo con alfileres fue la primera y definitiva manera de afrontar la muestra. Luego un tipo de iluminación algo sesgada, forzando la verticalidad, dibujaría sombras muy interesantes sobre el muro.


Finalmente, todo consistía en hacer una correcta distribución de las series y producir algunos silencios elocuentes en el tránsito de una obra a otra, dejando algunas piezas hablar en solitario. Para ello fue fundamental el instinto de Guillermo Martín Bermejo, también artista y coordinador de exposiciones en este momento de la B&B Galerie de Basel, Suiza, quien me proporcionó su experiencia en el montaje de exposiciones en otras galerías y me propuso alternativas expositivas que resultaron más que acertadas. Una vez allí, me deshice un poco de algunos pensamientos encorsetados sobre el concepto de exposición que tenía en mente, y dejamos que el resultado fuese mucho más orgánico, algo mucho más razonable y consecuente con las obras.

Ver más fotografías del montaje de la exposición en flickr.