1 mar 2004

Cacmálaga - Un año de arte


El CAC-Málaga se inauguró en febrero de 2003.

www.cacmalaga.org

Muchos malagueños debieron preguntarse entonces qué es una kunsthaus, habida cuenta de la palabrería arrojada a los medios en los días previos a la apertura del centro de arte. Sonó pedante el germanismo, y pudo incitarnos a pensar en un lugar elitista; muy en contra de lo que el término encerraba, el ávido lector de diarios locales, que avistaba a la crema de la sociedad y sus fastos, pudo imaginarse un sitio hermético a sus propietarios más directos. Había que dar tiempo al tiempo para comprobar la verdadera vocación de aquél antiguo mercado remaquillado. Y saber definitivamente si aquello era o no una kunsthaus, cuestión vital.


A falta de un modelo cercano de kunsthaus para el parangón, afirmar que se ha logrado puede ser difícil. Pero tras la bruma de doce meses de incansable actividad, los malagueños han hecho evidentemente suyo el casón del arte teóricamente ilegible.

Al principio las salas olían demasiado a pintura. Inevitablemente, para muchos, aquella espectacular colección de fotografías de la Bolsa alemana debió quedar en un segundo plano ante el sentido análisis que los visitantes hacían del edificio. Y es que hacía mucho que en Málaga no había tantos metros cúbicos de aire para envolver arte. Las salas del Palacio Episcopal, la Sala Alameda o el más reciente Museo Municipal eran, en principio, idóneos contenedores. Con la salvedad de sus limitaciones espaciales: En ninguno de los casos se conseguía la diafanidad y la grandeza del antiguo mercado de mayoristas de Málaga, una sobresaliente obra del racionalismo español en la persona de Luis Gutiérrez Soto.



La primera persona en Málaga que abogó por la solución del Mercado fue Isidoro Coloma Martín, profesor de Museología de la Universidad de Málaga, que llegó a publicar un pormenorizado artículo en que desvelaba las excelentes cualidades del inmueble, mucho antes de que cualquier alcalde soñase siquiera con la posibilidad de un nuevo espacio para el Arte.

Una vez en funcionamiento, una inteligente gestión ha deparado a la ciudad una brillante tarjeta de visita, en un momento en que el escepticismo hacia los nuevos centros de arte era más que creciente. Y a ello no sólo le ha llevado el espléndido programa de exposiciones, sino sobre todo la manera en que se ha sacado partido al material que el edificio haya contenido, permanente o temporalmente.

El personal del CAC-Málaga ha llevado el arte a la gente o ha sumergido a la gente en el arte; y en ese sentido la variedad de los grupos humanos que han sido invitados fue tan diverso que la iniciativa bien merece un reconocimiento. Elogiable la asiduidad con que grupos de escolares o personas de avanzada edad han recorrido las salas del CAC con la sonrisa satisfecha de saberse bien acompañados y monitorizados, que no necesariamente guiados. Particularmente, el personal del departamento didáctico suele llevar a gala lo mucho que se aprende de esas miradas no contaminadas, en ojos que nunca antes se habían topado de bruces con el arte que se está haciendo ahora. En el momento en que el museo fue también casa y taller de la gente, aquellos jubilados y niños, por ir a los ejemplos más extremos, se sintieron como en su kunsthaus, otra vez la palabreja. Imagino que se ha conseguido.

A un año vista, nos queda recordar imágenes imborrables: El bosque animado de Tony Cragg, que nos subyugó a todos a danzar en derredor de las esculturas; las acogedoras y monumentales fotografías de Hannah Collins, que se hicieron a nuestra escala y sirvieron de escenario a nuestros anhelos; el vertedero de ideas de Thomas Hirschhorn, tan sucio y cotidiano como nuestra realidad; o el bello colofón de Gerhard Richter, que pone el punto y aparte para la nueva andadura de este segundo año y todavía podemos disfrutar hasta la próxima primavera.


Publicado originalmente en lafresa.org, 2004.


3 ene 2004

Jacqueline Dürrbach


Con precisión cartesiana, los franceses celebran un singular aniversario. Desde el 27 de enero de 2004, se exhibe en París una de las tres reproducciones textiles que el propio Picasso autorizase en vida de su emblemática obra "Guernica". A un año vista, este Guernica desvelado se coloca al otro lado del diámetro de aquel considerado obsceno y escondido de forma vergonzante. El 27 de enero de 2003, el Consejo de Seguridad de la ONU evitaba el recuerdo de la tragedia corriendo un tupido telón azul sobre el tapiz que patrocinara décadas antes el multimillnario Rockefeller. La opinión pública mundial se indignó entonces por una actitud que presagiaba la masacre evidente que poco después se produciría en Iraq.

Responsable de esta interesante iniciativa es el Comité Nacional para la Educación Artística (CNEA), que organiza esta muestra en el antiguo taller del Grenier des Grand-Augustins, donde Pablo Picasso vivió y pintó los horrores de la guerra. Allí reflejó la tragedia del pueblo vasco bombardeado por la aviación nazi, y allí respiró la angustia de una nación invadida por la tiranía del fascismo.

De esta forma, el público podrá acceder de una forma muy directa -el tapiz se ha colocado con una afortunada inclinación que facilita la contemplación cercana- a una de las obras de Jacqueline Dürrbach, que habitualmente se encuentra en el Museo de Unterlinden de Colmar (Alemania) y ha sido cedido para el evento.

Exposición

"la tapisserie Guernica. Réalisée par Jacqueline Dürrbach avec Pablo Picasso".

Grenier des Grands-Augustins www.cnea.fr

Del 27-01-04 al 18-05-04.

Publicado originalmente en lafresa.org, 2004.

2 ene 2004

El Picasso de los Picasso - Museo Picasso Málaga


La inauguración del Museo Picasso Málaga en octubre de 2003 fue sin duda el acontecimiento cultural más relevante del año y probablemente lo sea de un periodo muy largo de tiempo. Con la implantación de esta nutrida pinacoteca, los malagueños han visto enriquecida su identidad, apenas unos meses después de ganar para la ciudad un centro de Arte Contemporáneo propio, que goza de una excelente salud a un año vista de su apertura.

Factor determinante del impacto mediático ha sido la exposición "El Picasso de los Picasso"; una desbordante muestra caleidoscópica donde se dan cita los más alejados planteamientos estéticos del autor.

Si ya es de más que loable la visita a las salas de la colección permanente, en un palacio quinientista maquillado según los parámetros del efecto de asepsia controlada, la experiencia de la exposición temporal inaugural quedará asímismo en los anales. En ello gran parte se debe al maravilloso hábitat diáfano de las salas proyectadas por Gluckman. Allí se tiene la sensación de abandonar Europa para acceder al espacio expositivo de concepto estadounidense: una gran galería aristada donde las obras respiran cómodamente y donde el público abandona la corrección recomendable para comentar a viva voz lo que presencia.

El Palacio de Buenavista, en sus íntimas galerías culminadas de artesonados bellísimos, sigue la tradición del museo - cámara de las maravillas, donde el rrecogimiento es un valor en sí mismo. Las salas del arquitecto Gluckman, inteligentes hangares del arte cercano, enlazan mediante pasarelas flotantes con el inmueble renacentista para llevarnos a la dimensión exultante del arte para todos.

Los monumentales desnudos surrealistas de Picasso, contundentes masas de grises indefinibles, junto a las inesperadas emociones de presenciar el reto de la mirada de la celestina azul o atrapar el cromatismo vivaz de las meninas del museu de Barcelona, son las atracciones más interesantes, sin duda, de esta oferta temporal que será recordada con la misma fuerza que sus antecesoras "Picasso Clásico" y "Primera Mirada".


Exposición El Picasso de los Picasso, Museo Picasso Málaga. Hasta el 29-02-04.

Publicado originalmente en lafresa.org, 2004.

1 ene 2004

Gerhard Richter


Gerhard Richter practica sugestivamente la autodestrucción; se vulnera y autoinflinge el daño, y termina por gustarnos precisamente por eso. Privarnos de aquellos cuadros suyos que destruyó allá por los sesenta, que generaron un estrecho círculo de reliquias supervivientes, puede entenderse a un tiempo como herida o como un gesto benevolente hacia el público. Ese hecho mismo del arrepentimiento de lo ya pintado me conmueve; nos fascina el misterio de un arte desconocido para siempre y nos sitúa en una posición única.

A lo largo de su trayectoria, si bien practicando ejercicios de estilo (Richter niega todo estilo, ama fervientemente todo lo que no lo tiene), ha embarrado en aparente descuido imágenes que reproducían fotográficamente otras imágenes antes proyectadas sobre su lienzo. Bajo un gesto preciso y uniforme, ensució de colores ajenos las primorosas estampas de quietud que previamente había creado. ¿Estaba autodestruyéndose?

A un tiempo parece aprobar las imágenes exactas de realidad y las abstracciones virulentamente agredidas por otras abstracciones más poderosas que consiguen imponerse. El juego de capas, sencillamente, nos habla del interesante asunto de la autonegación o autoafirmación, según quiera entenderse.


Exposición Gerhard Richter en CACMálaga. Del 16-01-04 al 18-04-04.


Publicado originalmente en lafresa.org, 2004.