21 dic 2008

simón zabell en el cacmálaga


Simón Zabell traduce la maravillosa sensación de ir al cine. Aprovecha el espacio proyectos del Cacmálaga para mostrar una serie de obras en unas condiciones lumínicas que nos recuerdan sin remedio a otras propuestas ya llevadas a cabo allí donde también se conjugaban determinadas emociones pautadas a partir de la escasez de luz (o lo que es lo mismo, de la luz justa): David Delfín, Chema Lumbreras, José María Cano, Jaume Plensa… quienes planteaban ya un diálogo íntimo con las obras en sombras.

Tras decodificar el ordenado relato de los lienzos exhibidos, que narran una secuencia fílmica en toda regla, no pude menos que recordar algunas de las afirmaciones que no hace tanto hacía Juan Uslé acerca de su conocidísima serie pictórica “Soñé que revelabas”: La primera vez que fui al cine llegamos tarde, la sala estaba oscura y nos sentamos en la primera fila. Fui incapaz de ver imágenes nítidas; tan sólo ondas que se cruzaban. Este estado de alerta y espera para leer desde una situación de novedad es fundamental. Considero que la parte procesual de encontrar las imágenes es vital [1]. Con la distancia por superar entre la abstracción interferida de los grandes lienzos de Uslé (también mostrados en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga) y la otra más icónica de Zabell, las conexiones se hacen palpables. El artista malagueño que nos ocupa traslada la narración a una escueta pantonera de apenas tres tonos –blanco, negro, gris-, y consigue, mediante un sistema pictórico tremendamente esquemático, proponer fotogramas inexistentes que no obstante recurren a un imaginario colectivo tremendamente presente. De alguna manera, cada cual ha visto su película en estos cuadros.


No llegando a abandonar un lenguaje conceptual, Zabell aglutina estas pinturas según un concepto bastante básico de instalación, de manera que la interpretación de las piezas diferiría bastante si se mostrasen independientes y en la radiante sobreexposición de las ferias de arte, por ejemplo.

Me interesa particularmente el lenguaje escogido, que parte de las premisas de un código de mínimos muy habitual en el ámbito tecnológico que rodea al artista presente. El mismo Zabell alude a la Play Station para plantear cómo es el punto de vista seleccionado para el público. Al mismo tiempo, se podrían evidenciar paralelismos muy significativos con con los estilemas de Julian Opie y su esquematismo a ultranza, o la obra de Jordi Ribes y sus clarísimas afluencias procedentes del alfabeto universal de iconos que Microsoft ha propagado por el mundo a través del conocido Messenger. Exquisito por tanto el modo en que adivinamos un beso bajo la luna en apenas unas circunferencias seccionadas, o un cocktail muy a lo James Bond gracias a algunas siluetas y la presencia connotativa de una pajarita.

El último de los cuadros de la serie versa acerca de los títulos de crédito tras el final feliz, y una fila de butacas débilmente acariciada por la luz grisácea resultante de esos minutos en que la sala se vacía progresivamente. Con el regusto que deja una buena exposición, como una buena película, salgo al exterior y dejo que la luz me hiera un poco en las retinas.

[1] Ciclo Conversaciones en torno a la pintura. Fragmento de la conversación entre Fernando Huici y el propio artista (CACMálaga, 25/09/07).

2 comentarios:

Tunomandas dijo...

En un principio la exposición me pareció algo "simple". Pero una vez conoces los códigos y entiendes la sucesión de obras, se convierte en toda un experiencia. Esa "simpleza" inicial se convierte en toda una delicia. Con un leguaje basado básicamente en rayas y circulos, el artista es capaz de mostrarte los fotogramas más importantes de una película, y, por tanto, toda una historia basada en las imágenes que el séptimo arte ha dejado grabadas en nuestras retinas. Es la primera vez que me parece oler a palomitas en un centro de Arte. Y tu texto expresa la experiencia a la perfección.

ANA dijo...

Yo estuve allí; me refiero a la entrevista de Uslé y esas palabrejas la filtraron mis oídos