30 jun. 2009

These walls are made for drawing (portfolio)


Esta es la versión online de mi dossier de pintura mural These walls are made for drawing. En él hay proyectos realizados y otros algo más utópicos basados en espacios que me gustaría intervenir, siempre trasladando el trabajo monocromo del papel al muro, como una extensión del discurso en que muevo actualmente. [ver]


http://issuu.com/pedroalarcon/docs/thesewalls

27 jun. 2009

these walls are made for drawing




Por razones distintas, me es absolutamente imposible dibujar sobre esos muros. Pero es lo que me gustaría hacer con ellos...

16 jun. 2009

Offline - Elena Rendeiro


Exposición
Offline. Elena Rendeiro, Galería Isabel Hurley, Málaga. 30/04/2009 - 13/06/2009


Recuerdo que hace dos años me puse por primera vez frente a una instalación de Elena Rendeiro en la correspondiente edición de generaciones de Cajamadrid, y que sin duda se irguió para mí como una de las pocas alternativas realmente significativas. Sin lugar a dudas, el uso reiterativo de un concretísimo objeto encontrado, el par de pantis, le confería ya entonces cierta singularidad y se conviertía por tanto en una de las piezas más que referenciadas, a veces por encima de los premios entregados entonces. Pocas veces encontramos en una instalación a partir de objetos vulgares tal preciosismo en la técnica y tal densidad de valores matéricos con un abanico amplísimo de juegos cromáticos y de texturas. Precisamente, uno de los logros de "A ras de piel" -la obra presentada a aquel certamen y reproducida en esta exposición de la Galería Isabel Hurley de Málaga- consiste en esa fabulosa combinatoria, que a pesar de partir de una evidente economía de medios -las transparentes medias femeninas tensadas sobre el muro con una simple grapadora industrial- consigue una variedad tonal que estimula profundamente nuestra atención.


Al margen de las consideraciones simbólicas a las que se suele recurrir cuando se habla de la obra de esta artista madrileña, sería interesante apelar por una vez a las manifiestas filiaciones estéticas del conjunto de su obra actual, tan elegantemente derivadas de la abstracción española de la posguerra. Mucho se ha escrito sobre el sello tan español de la pintura de aquellos grupos que se fundaron a la sombra del franquismo y con la ilusión colectiva de dar paso a un arte libre y luchar por el triunfo de la no figuración. Más allá del tópico, eso de "lo español", que podría rastrearse con buen olfato en Goya, Ribera o Velázquez, tiene que ver al mismo tiempo con un temperamento fogoso y sin embargo sobrio [1] que determinados creadores supieron imprimir al acabado de sus piezas. En mi opinión, Rendeiro contiene algo de la sustancia de los lienzos manipulados por Rafael Canogar y Manuel Millares, artistas que dieron algunos pasos más allá en lo que a concepción espacial de la pintura se refiere. Y por qué no, también un destilado de las transparencias veladas que, con sutiles tejidos metálicos, utilizaba Manuel Rivera. Sin duda hay más nombres, pero estos tres pertenecientes a la también madrileña generación congregada en torno al grupo El Paso (1957-1960) consiguen reunir una serie de características texturales y colorísticas que convierten el drapeado de lienzos y rejillas en casi otra forma de escultura aplicada a la superficie bidimensional.


Rendeiro, entre otras cosas, procesa ese dramatismo de tonalidades neutras y terrosas y resuelve aplicarlo mediante una coherente apuesta actual por los lenguajes de apariencia efímera, los significados comprometidos y la experiencia que supone la confrontación de varios medios expresivos a un tiempo. Aúna la tradición a la necesidad de desarrollar un código propio.

Es difícil ser multidisciplinar, atinar en todos los palos que se tocan y encima sostener una coherencia tan homogénea. Una de las facetas en las que se pone de manifiesto esa versatilidad es en la pintura, mediante lienzos abstractos con un particular protagonismo de la densidad, donde la superposición de planos elásticos semitransparentes aportan una aparente fragilidad a la robustez del gesto pictórico. O en la fotografía y el vídeo, que suelen reproducir escenarios construidos ex profeso o como parte del proceso documental de una performance, medios en los que el cuerpo femenino acaba de completar todo el discurso. El nylon como material recurrente y persistente es la piel delicada sobre la que se produce tanto el dolor como el placer:

Me interesa la relación que existe entre el dolor y el placer como medio para responder a preguntas sobre la realidad última del yo y el cuerpo, que chocan con el esceptícismo y los límites de la razón (Elena Rendeiro).




[1] Maderuelo, Javier. Catálogo del Museo de Arte Abstracto Español (Fundación Juan March), de Cuenca.




Fotografías de Pedro Alarcón por cortesía de Galería Isabel Hurley



www.isabelhurley.com

11 jun. 2009

New York, New York; Josephine Meckseper

U.S.A., 2007

Una parte de mí contiene en un apartado recoveco de su tejido encefálico la perversa intención de desayunar alguna vez con diamantes -se lo ví hacer a la protagonista de Gossip Girl en sueños-, desdeñando que se trata de uno de los empeños colectivos más kitsch desde el infortunio de enmarcar una reproducción del beso de Klimt para decorar el salón. No lo haré jamás, igual que desprecié las góndolas en Venecia hasta en tres ocasiones; y ello a pesar de una diminuta quemazón interna.

Y es que tratar de revivir el esplendor de otras hierbas no constituye sino la evidencia de la vulgaridad. Algo que cada vez resulta más difícil reconocer, recamada como está en los oropeles del lujo.

Me interesa como trata Josephine Meckseper el mito de Estados Unidos y ciudades fetiche como Nueva York, en esta y otras obras de igual condición, montajes pseudoescaparatísticos en los que la simple combinatoria elegante de objetos/readymade es capaz de denotar significados y matices de hondura. Es más que frecuente el uso indiscriminado de objetos de la vida cotidiana en las instalaciones de centenares de artistas, y las más de las veces el correlato kitsch se apropia de un trasunto popular del que difícilmente se despoja; la Meckseper, al tiempo que ironiza sobre estos objetos baratos -la bisutería más cutre, el plástico más fino-, plantea el riesgo de la vacuidad de lo chic y a menudo en un entronque social que se ajusta a la perfección.

La primera vez que oí hablar de Meckseper fue a raíz de la estúpida polémica por la que una obra de la susodicha dejaba de exhibirse en un escaparate de Sevilla (con motivo de una de sus bienales) debido a las contrariedades varias que algunos estamentos de peso argüían: Determinados símbolos religiosos de la ciudad se entremezclaban de forma indecorosa con lencería procaz y otra chavacanería al uso. Después de eso me la he tropezado un par de ocasiones más, y la he disfrutado.

¿No es fácil detenerse en la metáfora lenta, sostenida y volátil?



Fotografía de Pedro Alarcón por cortesía de ARCO-Ifema.



9 jun. 2009

Igor Eskinja


Código de barras, 2006.


Me detengo muchas veces en esta fotografía. Cuando la hice, en la penúltima edición de ARCO (2008), me apetecía que el encuadre fuese una leve paráfrasis de lo que me transmitía la imagen. Eso con toda la celeridad que obliga una visita de un día y medio a la feria, las obligaciones de entonces de hacer una reseña general y las distracciones que salen al paso como más de un capricho al que realmente no puedo hacer frente.

Esta obra del croata Igor Eskinja, como otras de su producción, me es un oasis entre la excentricidad, el banalismo galopante y el énfasis acumulativo, cualidades todas que también aprecio en su justa medida...



Fotografía de Pedro Alarcón por cortesía de ARCO-Ifema.




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De todo lo visible y lo invisible (ARCO 2008)
Conrad Botes en ARCO 2008
Calaveritas




5 jun. 2009

Me gusta lo que hace... Ingo Giezendanner


Me encanta su compulsiva actitud de dibujante por la que la contención se ausenta y el pulso de la mano que sostiene su versátil rotulador acumula un ritmo acelerado y en progresión geométrica. Me encanta que los escenarios de sus viajes se muestren impolutamente contaminados de publicidad, que las ciudades y sus actitudes enfermizas se erijan como tema predilecto, que no busque jamás el sentido compositivo en torno al equilibrio que aporta el vacío, que emborrone más que limpie las superficies y que desee plasmar tanta información que los árboles jamás dejen ver el bosque.


Me encanta, además, el modo rococó y subversivo por el que empapela el espacio cuando afronta una exposición al modo de una instalación acumulativa y caótica, y la manera en que yuxtapone sus dibujos a distintos niveles de resolución, desde el trazo directo y efímero sobre el muro hasta la fotocopia o el adhesivo impreso, que se solapan en solución de continuidad.


Me encanta visitar y revisitar su incómoda web (www.grrrr.net), un auténtico gruñido constante, un enfado congruente por el que la información se hace pixelada, llena de molesto ruido. Un extraño sitio para disfrutar muy poco tiempo -para poner a salvo nuestras retinas- pero al que, de cuando en cuando, me encanta volver.