31 ene. 2010

010012505

010012505_genius [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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30 ene. 2010

010012504

010012504_genius [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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29 ene. 2010

010012503

010012503_random [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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28 ene. 2010

010012502

010012502_random [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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27 ene. 2010

Notas sobre la destrucción de la Historia. Guillermo Martín Bermejo



En esos recortes late la misma velada perversidad que resistía dulcemente a ahogarse en sus dibujos. Cuando se marchó a Berlín y fue desgranando -lentamente, como el agua en una clepsidra, luego a borbotones, con la sonrisa escondida de quien encuentra un atajo- decenas de imágenes reconstruidas, no hizo sino dar rienda suelta a una vieja canción de gramófono.

Si tuviésemos que enunciar el proceso a modo de ecuación, habrían de tomarse en cuenta algunas variantes:


La primera de las variantes es la conciencia del nómada. Algunos presagios de corte oriental te animan a acarrear el menor lastre posible, apenas unas cuantas herramientas imprescindibles que puedes llevar contigo. Tus lápices, tus minas de acuarela, algunos papeles, pocas tablas -te has desprendido casi de todas las piezas anteriores-, un pequeño ordenador ultraligero, una impresora diminuta... Y todo el album de la memoria resonando como breves relatos de melancolía. Pues el que viaja a todos lados es un niño.


La segunda de las variantes es la conciencia del invisible. Tu doble historia es que utilizas el lenguaje sencillo reconfortante del dibujo -en este caso el collage, papel a fin de cuentas-, y que reivindicas de un modo genuino la voz soterrada, el eco casi callado. Hay mucha grandilocuencia ahí fuera, el valor de las cosas se estipula en centímetros o en metros cuadrados; en ese contexto, el arte que no alcanza un palmo parece condenado a no ser visto jamás. Y sin embargo ahí están, arracimadas, todas esas historias al fin y al cabo tan graves, que ponen en la picota muchas de nuestras equivocaciones. Pocas veces resulta tan social el arte menos mediático. Quedamente social, casi tímido. Valiente en sus convicciones.

Sé que una parte de tí quiere conseguir esa invisibilidad casi total, como si pudieras desvanecerte sutilmente, como una nube de humo, volatilizarte. ¿Desaparecer?

La tercera de las variantes es la conciencia del transparente. Como el alabastro, que todo tenga esa cualidad de contener y transportar cierta luz; lo transparente resulta frágil a todas luces. Resulta efímero, por la consistencia de un papel que ha de mantenerse erguido, la tinta que debería afianzarse en solidez frente a la radiación ultravioleta.


Y Berlín. Berlín te ha sufragado el espíritu con ecos remotos, conciencias y letargos. Tus historias siempre han girado en torno a la dificultad para asumir los terrenos perdidos en esta vida, a la inocencia prístina de algunas almas cándidas que se ven sumergidas en el marasmo, a la infancia y sus miserias más recónditas. Y sin embargo, como Madrid, Nueva York o Basel, Berlín -como cada uno de tus hogares- le ha puesto una luz y un eco distinto. Por eso lo del gramófono que te decía antes. El fieltro gris, como de manta provisional para pasajeros de avión, el clip de gris oficina y el recorte de gris periódico, una cuidada paleta de grises.

Los chicos recortados que se solapan en tus collages, rescatados de véte a saber qué sordidez propia, se han desencontrado con la vida, atesoran agravios y microviolencias, están ateridos de soledad y de pensamientos gigantes como cumulonimbos. Como dices tú sin palabras, el nuevo panorama del mundo contiene toda esa soledad interconectada, fatigas, fría pulcritud y la indecible sensación térmica que precede a la nada.




Guillermo Martín Bermejo expone sus trabajos más recientes en la madrileña galería Travesía Cuatro del 14/01/2010 al 13/02/2010.


Blog de Guillermo Martín Bermejo:




Más sobre Guillermo Martín Bermejo en este blog:





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010012501

010012501_random [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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26 ene. 2010

010012500

010012500_pause [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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20 ene. 2010

010012000

010012000_euroconnector [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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9 ene. 2010

Gabinete de Curiosidades


Ahora que estamos en la fase previa a la mudanza, me doy cuenta de que hay algunas cosas que habían cristalizado bien en mi todavía actual hogar. La pared roja, las pequeñas vitrinas de Ikea, y por encima de todo, el delicioso repertorio de pequeñas obras que me han venido acompañando paulatinamente en estos años. Se fueron incorporando lentamente, a retazos, y ahora conforman un rosario de debilidades que no podrá dejar de confortarme nunca.

No tengo ni idea de qué disposición tendrán en su nueva morada, donde ahora que se está enluciendo todo apenas quiero renunciar a un blanco omnipresente. Pero lo que es seguro es que se vendrán conmigo.




Dibujos sobre tabla, dibujos sobre papel, electrografía troquelada y falso iPod edición limitada de Guillermo Martín Bermejo.

Sobre la vitrina inferior, instalación de microesculturas de Javier Calleja.

Dentro de la vitrina inferior, guisante de bronce pintado edición limitada de Nina Saunders.

Object Trouvé: Corazón roto encontrado en la playa.




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8 ene. 2010

Sweet Home. Acerca de Javier Calleja


Los paisajes se han desnaturalizado un poco más, vahida la color hasta un blanco hiriente. Todo en derredor es mucho más inhóspito. Al borde del precipicio inexistente -de líneas de horizonte imaginadas, pespunteadas, intermitentes-, el habitante increíble de un meteorito se asoma, probablemente a una podredumbre que circunda y deprime.

Probablemente se asome también a nada, compruebe que todo lo que se agita y se desplaza -lentamente, a eones por segundo- es futil. Como una piscina para casi nadie, una chimenea sin nada que arda a sus pies o una sombra que cobija apenas un retazo de presencias mínimas.

[...]

Curiosamente, hay algo que puede que haya osado empujar a Javier Calleja a formatos un poco más boyantes; yo sigo fosilizando mi mirada en las pequeñas piezas, las que están cogidas con alfileres, las que respiran al mismo biorritmo que tú cuando las contemplas apenas conteniendo un susurro nasal.



Los meteoroides -quiero pensar que no sobrepasan los límites establecidos de lo pequeño a lo grande, quiero sentirme parte de una gigantomaquia que alguien desde allí dentro (desde esos dibujos) ha ideado para nosotros- ¿son de piedra? O son de papel maché, difuminados con sombras de carbón. En cualquier caso resíduos de un sistema solar desgastado, erráticos.

No parece que vayamos hacia ningún sitio. No parece que allá donde vayamos concluyamos en nada feliz, no parecemos preocupados por nuestro estrépito. Elefantes en cacharrerías, llegaremos golpeando todo sin mesura, abalanzando toneladas de plástico sobre cuellos desafortunados y riadas de mierda sobre toda vida.

Somos polvo estelar, eso suena brillante, y sin embargo es basura. Y no obstante somos ceniza, eso suena católico, y sin embargo es hermoso.





Javier Calleja muestra su obra en la Exposición "Sweet Home", en la Galería Rafael Pérez Hernando de Madrid, de Noviembre de 2009 a Enero de 2010.

Fotografías tomadas de la web de la Galería.





Más sobre Javier Calleja en este blog:






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7 ene. 2010

Iluminación

Volver a mirar a la cara al blog, o abrirse uno, es bien típico de la entrada de año. Sobre todo para los que tenemos muy asumido que jamás seremos suficientemente constantes para tener la armonía estílistica necesaria al escribir un libro. En un blog la anarquía cronológica y el apetito instantáneo todo lo perdonan. Y no está mal romper algunas reglas, escritas o no, como las que me perturban y no me dejan actualizar bitácora, tal que aquella de empezar siempre con una imagen.


Que anda uno siempre pensando en aquello de la coherencia, el sentido, la uniformidad y tal y cual. Todo cierto. Pero qué bellos son los retruécanos (nunca estaré lo bastante agradecido a la persona de que aprendí esta palabra) y los giros inesperados, al menos a veces. Hoy, vagando con pereza por facebook, leo la frase un poco autoayuda de una amiga segunda (amiga de amigos); suelo abominar el estilo Paulo Coelho, y ello reconociendo que hay una sencilla y contundente beldad en parte de lo que me ha llegado. Pero soy de leer otras basurillas menos reconfortantes, eso no se puede remediar. La frase es como sigue:


La iluminación consiste en entender que no hay ningún sitio adonde se tenga que ir, nada que se tenga que hacer, ni nadie que se tenga que ser. Excepto, precisamente, quien uno está siendo en este momento.


Y yo voy a aplicarme el parche, por toda la cara, porque es lo que me apetece.