15 jul 2010

Nulla dies sine linea



(Ni un sólo día sin una línea). Dibujo español contemporáneo.

Hoy se inaugura en el Freies Museum de Berlín, y hasta el 15 de Agosto, la exposición colectiva de dibujantes españoles que formará parte del programa "Nuevas Culturas Urbanas", celebrado por primera vez el año pasado en la ciudad de Tokio. La exposición pone en valor las cualidades expresivas del dibujo como medio en sí mismo, mostrando un interesante panorama prolífico tanto en técnicas como en discursos.

Es responsabilidad del Ministerio de Cultura la celebración de este programa de actividades; en cuanto al comisariado de la exposición, ha sido la galería Blanca Soto de Madrid la encargada de la selección de los artistas.

Estos son los dibujantes que concurrirán:


Entre la selección de obra, se encuentran seis piezas mías en tinta china sobre papel, pertenecientes a la serie "I don´t think you know what pain is". (ver en lightbox)






Freies Museum Berlin. 15/07/2010-15/08/2010. De martes a sábado, 12:00 - 19:00 h.
Potsdamer Str. 91. 10785 Berlin







21 may 2010

Sobrevivir



Regreso al Louvre por cuarta o quinta vez, reconociendo familiarmente el territorio conocido y revisitando los puntos palpitantes donde siempre se producen encuentros en la tercera fase: La Victoria a punto de descender, turgente, la escalinata, como una modelo de los años ochenta en Trinitá dei Monti; o la Venus manca, perfecta ante su telón de mármol veteado. Luego están los recientes maquillajes expositivos, algunas novedades casi imperceptibles y, badabúm crash, como un elefante en una cacharrería, irrumpe ante los sentidos la Gioconda entre pilonos, como una Cleopatra adentrándose en Roma pero al modo Hollywood. De mis anteriores vistazos la recordaba enjaulada de un modo más discreto, ahora el lienzo de pared que la ostenta ocupa tanto como las Bodas de Canaá...


Por supuesto, es imposible acercarse; la religiosidad acérrima ha convertido la visita en algo parecido a la peregrinación en torno a las reliquias milagrosas. Atisbo, a través de una veintena de micropantallas digitales de ultima generación, algo borroso como una sonrisa tenue, misteriosa entre los inevitables reflejos que proporciona el generoso cristal acorazado. Un primer pasamanos de madera dibuja una semicircunferencia en torno a la diosa, y un segundo cordón improvisado -cintas y postes efímeros- nos alejan unos cuantos metros más. Se cierne lo atávico, no hay modo de saber si se está ante la Monna Lisa o la Virgen de Guadalupe -en el santuario mejicano los devotos se deslizan en una cinta transportadora y cuentan con apenas unas décimas de segundo para detener sus retinas en la imagen milagrosa-, tal es el grado de catarsis colectiva.

El muro pantalla sobre el que han colgado la tabla más famosa de todas las pinacotecas del mundo tiene la habilidad efectista de un retablo y mucho de truco escenográfico egipcio -mole pseudopétrea que supera en más de tres veces la proporción de la talla humana-. Algunos se preguntan si la fama que precede a esta obra de Leonardo se corresponde a sus cualidades, si esa mirada proporciona tanta magia, o siquiera si lo que se muestra no será un facsímil. Empujados ya por novelas de intrigas masónicas ya por el mito mil veces reconstruido y alimentado por el souvenir, los incondicionales soportan empujones y codazos con un fervor indeleble.


Este afán de preservación, más o menos proporcional, que deja desatendidas otras piezas de similar envergadura, plantea más de un interrogante. ¿Por qué determinados objetos contienen cualidades auráticas que les hace necesitar un microclima tan a conciencia? Se trata de un retrato privado, y sin embargo ha morado en palacios, castillos y abadías, decoró los aposentos de Napoleón, y fue robado y recuperado tras unas pesquisas cuanto menos circumpoéticas en las que se detuvo e interrogó tanto a Apollinaire como a Picasso. En los dos años y ciento once días que la pieza faltó del museo continuó un flujo masivo de visitantes que se acercaban al Louvre a comprobar efectivamente el hueco quizá todavía impregnado de un imperceptible olor de santidad, casi como quién apunta con su mirada y su fe a un mihrab. También resistió una irreverente libación de té por parte de una turista rusa, pero para entonces Lisa Gherardini ya estaba blindada.

Leo en un magazine la pregunta lanzada a bocajarro hacia Anish Kapoor, uno de los grandes de ahora: ¿Donde está la frontera entre el buen y el mal arte? El escultor indio echa unas risas y primero afirma que es muy sencillo. Luego propone su teoría para evaluar la calidad: Deberíamos medir la habilidad de un objeto para sobrevivir a lo que tiene a su alrededor. ¿A cuántos espacios y situaciones puede sobrevivir un objeto? [1] Viendo todo lo que hay montado en derredor de la enigmática pintura, con todos sus supuestos mensajes cifrados y demás charlatanería amén de los intereses que han florecido paulatinamente, presupongo que sobrevivirá, y mucho, a cuanto la rodea.




[1] MENDEZ, Daniel. El arte y el tiempo con Anish Kapoor. Magazine XL Semanan, 2 de Mayo de 2010.



Fotografías por cortesía del Musee du Louvre, París.








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3 may 2010

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2010
tinta china y bolígrafo, papel vegetal
A4










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2010
tinta china y bolígrafo, papel vegetal
A4










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29 abr 2010

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2010
tinta china y bolígrafo, papel vegetal
A4










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28 abr 2010

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2010
tinta china y bolígrafo, papel vegetal
A4










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21 abr 2010

El Pañuelo. Marjane Satrapi


Imagen de la Película "Persépolis", a partir del cómic original.

Teherán, 1989. En la Facultad de Arte se convoca a todos los estudiantes a una reunión de carácter obligatorio; una vez allí, los congregados comprueban que, una vez más, se les ha llamado para mostrarles el recto camino, mediante una conferencia sobre el tema "La conducta moral y religiosa". El núcleo del discurso gira otra vez en torno a la inapropiada vestimenta de las estudiantes, pues al parecer se maquillan, no cubren bien su cabello y llevan velos demasiado cortos, entre otras cosas. Ante la estupefacción de la audiencia, separada por sexos y más que habituada a discursos de ese cariz, una joven toma la palabra no sin cierta insolencia:

"[...] No duda en hacernos reproches, cuando nuestros hermanos aquí presentes llevan todo tipo de peinados y de ropa. A veces, llevan prendas tan ceñidas que se les puede ver el cuerpo. ¿Cómo es posible que yo, como mujer, no pueda sentir nada viendo a estos fornidos señores de arriba a abajo, pero ellos, como hombres, puedan excitarse por cinco centímetros menos de velo?"

Aunque llegué tarde a la lectura de Persépolis, quizá la mejor novela gráfica que haya caído en mis manos, queda de manifiesto tras su lectura que la vigencia de su narración la hace del todo recomendable en los tiempos que corren. La protagonista de la escena mencionada es la propia Marjane Satrapi, dibujante iraní que habla en primera persona durante absolutamente todas y cada una de las paginas de los apasionantes cuatro libros de los que consta esta saga.

Satrapi no es crítica en exclusiva con la cultura que la vio nacer; entre las vicisitudes por las que transcurre su vida, también da cuenta de muchos de los defectos evidentes en la cultura occidental, que asimismo pudo percibir en primera persona tras su estancia en diversos paises europeos, como Austria. Pero traduce con voz clara y lenguaje sencillo muchos de los pensamientos que pasaban por mujeres de su entorno, contrarias a la sumisión pasiva de la mujer pero acostumbradas a una vida de represión en diferentes fases y grados.

Viñetas del cómic "Persépolis".

En esta Europa de integración, más o menos afortunada, se habla de la presencia del hiyab islámico en las aulas o en el mundo laboral como un derecho a la libertad religiosa. Suele mencionarse que las féminas que lo portan desean llevarlo a la manera de un cálido refugio en su religión y no sin cierta nostalgia; casi siempre se alude a que es un acto de "sumisión a su Dios". No obstante, una visión nítida del asunto nos lleva a la comprobación de que ese grado de sumisión religiosa fluctúa y mucho en función del grado de avance en las libertades sociales de cada país. Una mujer no se vestiría del mismo modo en Jordania y Afganistán, por poner dos ejemplos muy distanciados.

Tampoco se suele recordar que el principal argumento de aquellos que defienden o imponen el uso del pañuelo en sus diferentes modalidades es el de que las protege de su propia belleza. Esto es, de las miradas lascivas de los hombres y sobre todo de aquellos hombres que no tomarán a la mujer en matrimonio. Creo firmemente en que la diferente manera de educar a los dos colectivos -el femenino y el masculino- en las comunidades musulmanas resuelve evidentemente en conclusiones como el deseo de cubrirse con velo, del mismo modo en que las mujeres de la posguerra española aceptaban sumisas su papel en una sociedad que les había privado de una parte del conocimiento y la información.

Imagino que no somos quiénes para decidir sobre el atuendo de otras personas, como las mujeres musulmanas que desean cubrirse con velo; pero sí tenemos la oportunidad de legislar acerca de cómo queremos educar a esos ingentes colectivos de ciudadanos, aún menores de edad, sobre tolerancia e igualdad. Y desde luego, bajo nuestra responsabilidad, de eliminar lastres que prorrogan la situación de una cantidad enorme de mujeres en un ostracismo cultural.







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20 abr 2010

Searching (Serge Spitzer)


Todo está conectado y entrelazado, y sin embargo todo es accidental. Eso se desprende de nuestra particular e individual recepción de la información, lo cual se advierte con especial clarividencia en momentos como este en que fenómenos de una magnitud tal nos empujan a saciarnos de información reciente, actualizada y variopinta. Un volcán escupe cenizas y, en un impredecible efecto mariposa, una concatenación fabulosa (entiéndase por su tamaña proporción) de sucesos dan lugar a una miríada de consecuencias en principio inapreciables por la mente humana. Los que de alguna manera hemos dependido del caos aéreo nos hemos visto sometidos a la tiranía de los mecanismos actuales de la información -diarios digitales que publican informaciones contradictorias y páginas oficiales de organismos a los que se presupone cierta fiabilidad que ofrecen un farragoso calvario hasta llegar al dato que ansiamos-.

En el proceso en que adquirimos toda esa información, y dado que en nuestra posición ante la misma no hay en absoluto un ansia de linealidad, llegamos a perdernos en vericuetos que nos arrojan fuera de la nube de influencia, a los márgenes de subinformaciones que en nada afectan a nuestros intereses iniciales. Es más, se pierde toda noción del tiempo y hasta las intenciones. De algún modo, esa manera de percibir información -caótica, laberíntica, rizomática- obtiene éxito en los parámetros narrativos actuales; los guiones de mayor seguimiento en las audiencias de todo el planeta se alimentan cada vez más de estructuras desordenadas plagadas de invisibles vasos comunicantes que nos lanzan bruscamente a un momento u otro de la narración, incluso a miles de micronarraciones casi independientes. Ya que somos adictos a este proceso informativo anárquico, del que sólo se libran las mentes más concienzudas -disciplinadas a no saltar frenéticamente de un hiperlink a otro-, no es de extrañar que las narraciones contemporáneas lo asimilen claramente. Véase el célebre caso de la serie televisiva Perdidos, en la que los flashbacks, flashforwards y flashsideaways (miradas al pasado y al futuro de los personajes, y extraños entrecruzamiento de tiempos distintos) se trenzan en un impresionante e inabarcable mimbre, cuyo mapa conceptual podría adquirir una forma orgánica, caprichosa y ramificada.


Todo este prólogo viene al hilo de una instalación artística recientemente planteada en el parisino Palais de Tokyo, a cargo del creador Serge Spitzer, con el título "Re/Search: Bread and Butter with the ever present Question of How to define the difference between a Baguette and a Croissant" (Re/Búsqueda: El pan y la mantequilla ante la cuestión siempre presente de como definir la diferencia entre una baguette y un croissant). La obra en cuestión, ya de por sí dotada de una nomenclatura a la que difícilmente nos podemos enfrentar con indiferencia, posee un extraordinariamente explícito carácter arbitrario: Consiste en la trayectoria más o menos aleatoria de tubos interconectados de aire comprimido al modo de aquellos que se utilizaron en otros tiempos para hacer llegar mensajes escritos desde las centralitas de telégrafos a los diferentes departamentos comerciales. No solamente queda en evidencia la obsolescencia de determinados mecanismos de comunicación -un laberinto de tubos con propulsión neumático, el mensaje escrito en papel-; también parafrasea el paisaje de internet, cual metáfora de un imaginario skyline. Si tratamos de esbozar un mapa de la información que cada uno de nosotros selecciona y persigue, a buen seguro que se dibujarían en el aire unos bellísimos bucles salpicados de orificios entrantes y salientes.




Fotografías por cortesía de Palais de Tokyo









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14 mar 2010

Herbert Brandl










Mi fondo de escritorio de hace más de un mes.


















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16 feb 2010

Pintura de dedos. David Hockney




Hace poco descubrí que David Hockney había permitido que tres obras suyas fuesen descargadas libremente de la red por un número indefinido de personas. Mi curiosidad se cernía sobre el asunto novedoso de un pintor como Hockney trabajando en el medio digital. Indagando con paciencia pude leer la historia completa; el genio que convirtió las piscinas de california en un icono del arte de nuestra era, a sus años y con un entusiasmo que dejaría apabullado a cualquiera, maneja el terminal móvil más codiciado de los últimos tiempos con la misma soltura que un cuaderno de dibujos, y aprovecha la coyuntura para regalar pequeñas obras de arte vía mail a sus allegados de confianza.

Al igual que Gilbert & George -que también pusieron a disposición nuestra una obra de arte efectuada en ordenador, mediante una descarga sin límite de usuarios durante 48 horas-, el pintor septuagenario se ha embarcado en esta aventura digital quitándole hierro al asunto. Porque considera una tontería que se llame "arte digital" a esta manera de pintar sobre la superficie táctil de un iPhone, igual que sería absurdo denominar "arte de lápiz" al dibujo tradicional. La herramienta no hace a la obra, el resultado es el mismo.

A pesar de que aquellas descargas parecían poseer inicialmente la cualidad aurática de lo limitado -sólo unos cuantos miles de internautas tendrían la oportunidad de bajarse los codiciados archivos en aquellos dos días-, internet ha demostrado ser hasta el momento un territorio abrupto donde campan a sus anchas la democracia bien y mal entendida así como el libertinaje más exaltado. De forma que cualquiera con algo de paciencia puede todavía hacerse con las piezas del duo británico o el pintor que nos ocupa.


Muy a pesar del formato diminuto -apenas los píxeles que caben en la pantalla de un iPhone-, las tres piezas de Hockney resultaron ser brillantes, unas pinturas bellísimas realizadas directamente con el dedo, experiencia que nos conecta directamente con nuestros primeros pinitos (los de todos, quiero decir) en el arte. Desde el arte del parvulario al improvisado garabateo en la arena de la playa.

Las obras en cuestión, así como una infinidad de dibujos que Hockney confiesa en su haber -o en la memoria del móvil-, han sido llevadas a cabo mediante la aplicación "Brushes", que no sólo permite seleccionar el tipo de pincel -grosor, transparencia u opacidad de la pincelada, tipo de trazo...- o el color entre millones de tonalidades. También genera, mediante un plug-in convenientemente instalado en el ordenador, vídeos con el proceso de elaboración de cada trabajo y hasta imágenes de mayor resolución que el original a partir de ecuaciones vectoriales. La trascendencia de esta iniciativa de Hockney ha tenido una repercusión lógica y notable, por lo que no es difícil encontrar en galerías de imágenes como Flickr grupos con miles de miembros que cuelgan diariamente sus creaciones realizadas con esta herramienta. Es vertiginoso y abrumador, cuanto menos.


Entre otras cosas, las pinturas del artista inglés se han visto "colgadas" virtualmente en las paredes inexistentes de una mansión en Second Life, cual grandes lienzos acaparando el testero de suelo a techo. Las redes sociales y experiencias como ésta generan nuevas maneras de aproximarse al arte; seguramente a estas alturas se podrían contabilizar por cientos o por miles las ocasiones en que alguien en algún lugar instaló temporalmente una de estas obras pictóricas como fondo de pantalla de su celular. Superando con creces las ansias divulgativas de algunos profetas del arte pop, esta experiencia pone con sinceridad el arte en manos de todos. Una obra original, con sus dimensiones primigenias, a disposición de cualquier persona, un auténtico proceso de democratización.






Por supuesto, ya me he hecho con la aplicación brushes.





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15 feb 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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13 feb 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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5 feb 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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4 feb 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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31 ene 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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30 ene 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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29 ene 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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28 ene 2010

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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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27 ene 2010

Notas sobre la destrucción de la Historia. Guillermo Martín Bermejo



En esos recortes late la misma velada perversidad que resistía dulcemente a ahogarse en sus dibujos. Cuando se marchó a Berlín y fue desgranando -lentamente, como el agua en una clepsidra, luego a borbotones, con la sonrisa escondida de quien encuentra un atajo- decenas de imágenes reconstruidas, no hizo sino dar rienda suelta a una vieja canción de gramófono.

Si tuviésemos que enunciar el proceso a modo de ecuación, habrían de tomarse en cuenta algunas variantes:


La primera de las variantes es la conciencia del nómada. Algunos presagios de corte oriental te animan a acarrear el menor lastre posible, apenas unas cuantas herramientas imprescindibles que puedes llevar contigo. Tus lápices, tus minas de acuarela, algunos papeles, pocas tablas -te has desprendido casi de todas las piezas anteriores-, un pequeño ordenador ultraligero, una impresora diminuta... Y todo el album de la memoria resonando como breves relatos de melancolía. Pues el que viaja a todos lados es un niño.


La segunda de las variantes es la conciencia del invisible. Tu doble historia es que utilizas el lenguaje sencillo reconfortante del dibujo -en este caso el collage, papel a fin de cuentas-, y que reivindicas de un modo genuino la voz soterrada, el eco casi callado. Hay mucha grandilocuencia ahí fuera, el valor de las cosas se estipula en centímetros o en metros cuadrados; en ese contexto, el arte que no alcanza un palmo parece condenado a no ser visto jamás. Y sin embargo ahí están, arracimadas, todas esas historias al fin y al cabo tan graves, que ponen en la picota muchas de nuestras equivocaciones. Pocas veces resulta tan social el arte menos mediático. Quedamente social, casi tímido. Valiente en sus convicciones.

Sé que una parte de tí quiere conseguir esa invisibilidad casi total, como si pudieras desvanecerte sutilmente, como una nube de humo, volatilizarte. ¿Desaparecer?

La tercera de las variantes es la conciencia del transparente. Como el alabastro, que todo tenga esa cualidad de contener y transportar cierta luz; lo transparente resulta frágil a todas luces. Resulta efímero, por la consistencia de un papel que ha de mantenerse erguido, la tinta que debería afianzarse en solidez frente a la radiación ultravioleta.


Y Berlín. Berlín te ha sufragado el espíritu con ecos remotos, conciencias y letargos. Tus historias siempre han girado en torno a la dificultad para asumir los terrenos perdidos en esta vida, a la inocencia prístina de algunas almas cándidas que se ven sumergidas en el marasmo, a la infancia y sus miserias más recónditas. Y sin embargo, como Madrid, Nueva York o Basel, Berlín -como cada uno de tus hogares- le ha puesto una luz y un eco distinto. Por eso lo del gramófono que te decía antes. El fieltro gris, como de manta provisional para pasajeros de avión, el clip de gris oficina y el recorte de gris periódico, una cuidada paleta de grises.

Los chicos recortados que se solapan en tus collages, rescatados de véte a saber qué sordidez propia, se han desencontrado con la vida, atesoran agravios y microviolencias, están ateridos de soledad y de pensamientos gigantes como cumulonimbos. Como dices tú sin palabras, el nuevo panorama del mundo contiene toda esa soledad interconectada, fatigas, fría pulcritud y la indecible sensación térmica que precede a la nada.




Guillermo Martín Bermejo expone sus trabajos más recientes en la madrileña galería Travesía Cuatro del 14/01/2010 al 13/02/2010.


Blog de Guillermo Martín Bermejo:




Más sobre Guillermo Martín Bermejo en este blog:





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2010
tinta china, cartulina libre de ácido
13 x 21 cm










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26 ene 2010

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010012500_pause [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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20 ene 2010

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010012000_euroconnector [clutter series]
2010
tinta china, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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9 ene 2010

Gabinete de Curiosidades


Ahora que estamos en la fase previa a la mudanza, me doy cuenta de que hay algunas cosas que habían cristalizado bien en mi todavía actual hogar. La pared roja, las pequeñas vitrinas de Ikea, y por encima de todo, el delicioso repertorio de pequeñas obras que me han venido acompañando paulatinamente en estos años. Se fueron incorporando lentamente, a retazos, y ahora conforman un rosario de debilidades que no podrá dejar de confortarme nunca.

No tengo ni idea de qué disposición tendrán en su nueva morada, donde ahora que se está enluciendo todo apenas quiero renunciar a un blanco omnipresente. Pero lo que es seguro es que se vendrán conmigo.




Dibujos sobre tabla, dibujos sobre papel, electrografía troquelada y falso iPod edición limitada de Guillermo Martín Bermejo.

Sobre la vitrina inferior, instalación de microesculturas de Javier Calleja.

Dentro de la vitrina inferior, guisante de bronce pintado edición limitada de Nina Saunders.

Object Trouvé: Corazón roto encontrado en la playa.




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8 ene 2010

Sweet Home. Acerca de Javier Calleja


Los paisajes se han desnaturalizado un poco más, vahida la color hasta un blanco hiriente. Todo en derredor es mucho más inhóspito. Al borde del precipicio inexistente -de líneas de horizonte imaginadas, pespunteadas, intermitentes-, el habitante increíble de un meteorito se asoma, probablemente a una podredumbre que circunda y deprime.

Probablemente se asome también a nada, compruebe que todo lo que se agita y se desplaza -lentamente, a eones por segundo- es futil. Como una piscina para casi nadie, una chimenea sin nada que arda a sus pies o una sombra que cobija apenas un retazo de presencias mínimas.

[...]

Curiosamente, hay algo que puede que haya osado empujar a Javier Calleja a formatos un poco más boyantes; yo sigo fosilizando mi mirada en las pequeñas piezas, las que están cogidas con alfileres, las que respiran al mismo biorritmo que tú cuando las contemplas apenas conteniendo un susurro nasal.



Los meteoroides -quiero pensar que no sobrepasan los límites establecidos de lo pequeño a lo grande, quiero sentirme parte de una gigantomaquia que alguien desde allí dentro (desde esos dibujos) ha ideado para nosotros- ¿son de piedra? O son de papel maché, difuminados con sombras de carbón. En cualquier caso resíduos de un sistema solar desgastado, erráticos.

No parece que vayamos hacia ningún sitio. No parece que allá donde vayamos concluyamos en nada feliz, no parecemos preocupados por nuestro estrépito. Elefantes en cacharrerías, llegaremos golpeando todo sin mesura, abalanzando toneladas de plástico sobre cuellos desafortunados y riadas de mierda sobre toda vida.

Somos polvo estelar, eso suena brillante, y sin embargo es basura. Y no obstante somos ceniza, eso suena católico, y sin embargo es hermoso.





Javier Calleja muestra su obra en la Exposición "Sweet Home", en la Galería Rafael Pérez Hernando de Madrid, de Noviembre de 2009 a Enero de 2010.

Fotografías tomadas de la web de la Galería.





Más sobre Javier Calleja en este blog:






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7 ene 2010

Iluminación

Volver a mirar a la cara al blog, o abrirse uno, es bien típico de la entrada de año. Sobre todo para los que tenemos muy asumido que jamás seremos suficientemente constantes para tener la armonía estílistica necesaria al escribir un libro. En un blog la anarquía cronológica y el apetito instantáneo todo lo perdonan. Y no está mal romper algunas reglas, escritas o no, como las que me perturban y no me dejan actualizar bitácora, tal que aquella de empezar siempre con una imagen.


Que anda uno siempre pensando en aquello de la coherencia, el sentido, la uniformidad y tal y cual. Todo cierto. Pero qué bellos son los retruécanos (nunca estaré lo bastante agradecido a la persona de que aprendí esta palabra) y los giros inesperados, al menos a veces. Hoy, vagando con pereza por facebook, leo la frase un poco autoayuda de una amiga segunda (amiga de amigos); suelo abominar el estilo Paulo Coelho, y ello reconociendo que hay una sencilla y contundente beldad en parte de lo que me ha llegado. Pero soy de leer otras basurillas menos reconfortantes, eso no se puede remediar. La frase es como sigue:


La iluminación consiste en entender que no hay ningún sitio adonde se tenga que ir, nada que se tenga que hacer, ni nadie que se tenga que ser. Excepto, precisamente, quien uno está siendo en este momento.


Y yo voy a aplicarme el parche, por toda la cara, porque es lo que me apetece.






5 dic 2009

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009120401_shuffle [clutter series]
2009
tinta china, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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4 dic 2009

009120400

009120400_pause [clutter series]
2009
tinta china, acuarela, cartulina libre de ácido
21 x 26 cm










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